Tía Zelmira
Tía Zelmira: Muy toreado el verano de Nicoya
Disfrutar de la actividad taurina en el redondel de Nicoya constituye una experiencia única, divertida y muy enriquecedora.
Rogelio Benavides / benapresa@gmail.com.
Cumpleañeros
Saludo efusivamente a Kevin Segura, quien cumple años este 20 de febrero. Kevin trabaja desde hace varios años como estilista en España, donde ha construido una sólida carrera. Otros cumpleañeros de la semana son la empresaria Alejandra Cordero Campos (cumple el 21 de febrero), la modelo Adriana Elizondo (22); el periodista y presentador de 7 Estrellas, Wálter Campos (22), la modelo Vanessa Prieto (25), la chef Suyen Cruz (26), la empresaria Steph González (26) y la actriz Mariluz Bermúdez (26). Felicidades.
Ignacio Santos, ¡una leyenda!
Al comentar la salida de Ignacio Santos como director de Telenoticias, después de 28 años, el gran periodista Gonzalo Abarca Leal describió la noticia con una sola palabra: ¡leyenda!
Sí, es una leyenda. Es el mejor director que ha tenido Telenoticias. Este periodista marcó toda una época y se convirtió en el rostro más importante y más influyente de la pantalla de Canal 7, durante las últimas tres décadas.
Su profesionalismo, credibilidad y constancia lo colocaron en un lugar de excelencia donde solo caben los mejores.
Su partida nos brinda la oportunidad de reconocer su trabajo brillante al frente del noticiero más importante del país. Durante su gestión colocó a Telenoticias siempre en el primer lugar de las preferencias de los televidentes.
Solo para mencionar un dato reciente, el pasado 1° de febrero, día de las elecciones, Telenoticias alcanzó un rating de 20,3 en la franja horaria de las 6 p. m. a las 11:24 p. m., más que todos los canales juntos en ese mismo segmento. Sin duda, el trabajo arduo y profesional de Ignacio y sus compañeros de Telenoticias marcó la diferencia y los televidentes así lo reconocieron.
Ignacio, ganador del Premio Jorge Vargas Gené, del Colegio de Periodistas, y del Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez, que soñó con ser médico y que sobrevivió a dos cánceres y a un infarto, hace apenas unos meses, es un triunfador.
Con 63 años de edad, es el presentador de ¿Quién quiere ser millonario? desde su estreno el 3 de febrero del 2009; aquí se ha convertido en una figura muy querida y muy valorada, pues han visto otra faceta del director y presentador de noticias.
En diciembre de 2000, con una idea original de René Picado Cozza, Ignacio Santos ideó y estrenó El Chinamo, programa de variedades; desde hace 25 años, este espacio de Santos Pasamontes marca el inicio de las celebraciones navideñas con una mezcla de concursos, música, crítica social con Los Chinaokes, humor y entretenimiento familiar. Además, El Chinamo es uno de los espacios con más audiencia en la historia de la televisión de Costa Rica.
Por eso es que a Ignacio Santos se le considera una leyenda de la televisión actual, pues siendo director del noticiero, también creó y se metió de lleno en un espacio como El Chinamo, que, para decirlo fácil, es una charanga fiestera, y a esto hay que sumarle su mencionada faceta como presentador del concurso de los que quieren ser millonarios mostrando sus conocimientos.
Como corresponde a un periodista de su nivel, durante su ejercicio como director de noticias, cosechó cientos de detractores, enemigos de verdad y amigos de mentira; también hay otro tanto que lo respeta y le reconoce su hidalguía profesional. Es un periodista serio, justo y exitoso.
Desde la pantalla de Canal 7 siempre nos inundó con su cátedra diaria de buen periodismo, sin querer figurar más de lo que debe y ofreciéndole a los televidentes la posibilidad de ser analíticos y críticos.
A Ignacio le gustaba bromear diciendo que, con aproximadamente treinta mil horas en pantalla, debe ser el costarricense más maquillado, y agregaba que también debe ser el periodista que ha encarado más querellas, juicios civiles y recursos de amparo por reportajes de denuncia que sumaron más de medio centenar. Todos esos pleitos en los tribunales los ganó.
Es un gran anfitrión, buen conversador y excelente lector. Es educado, afable, simpático y cariñoso. Es momento propicio para reconocerle todo lo positivo que le ha dado a este país. Gracias por demostrar que el periodismo puede ser tan honesto y profundo como nosotros nos lo propongamos.
Nacido en Sancti Spiritus, Cuba, a los ocho años vino a vivir a Costa Rica como exiliado, para luego nacionalizarse y entregar su alma y sus mejores luces a esta que ahora es su Patria querida. Cada vez que puede, regresa a su isla, pero aquí en San José está su casa, aquí nacieron sus hijos María Luisa y Rodolfo y aquí está su gran amor, Nancy Dobles. Aquí vivieron sus padres, don Rodolfo Santos, abogado y activista político de izquierda, y su madre Clara Luz Pasamontes, doctora en pedagogía y maestra de piano, desde que abandonaron la Cuba de Fidel Castro.
Su familia emigró como exiliados a Costa Rica el 29 de junio de 1970, estableciéndose cerca de la gasolinera La Castellana en Avenida 10. Se naturalizó costarricense y considera a Costa Rica su patria, aunque siempre mantiene un vínculo afectivo con Cuba.
Este periodista, abogado y casi filólogo ha cubierto procesos electorales, guerras y demás conflictos. Para un reportaje sobre la Isla del Coco terminó buceando con tiburones y fue el primero en utilizar “cámaras escondidas” para denunciar actos de corrupción. Durante la guerra del Golfo, nos informó desde Tel Aviv en medio de bombardeos iraquíes; también lo hizo sobre la perestroika desde Moscú y acerca de los conflictos armados en la convulsa Centroamérica de los años ochenta.
Aunque es un abogado brillante, ha disfrutado más como periodista porque este, el mejor oficio del mundo, le ha permitido comunicarse con el gran público y eso es lo que más disfruta y lo que más le llena a este periodista, siempre preocupado por servir a los demás.
Ahora recuerdo que a Ignacio lo sintonizaba cada 31 de diciembre —cuando todos alistaban sus galas de la Nochevieja— aparecer muy serio, vestido impecablemente para presentar la edición vespertina. Siempre estaba ahí, en primera fila. Era un gran trabajador, nunca le arrugaba la cara a los compromisos laborales y profesionales.
Una vez andaba de vacaciones en París y se sospecha que quemó Notre Dame, para salir en suéter transmitiendo desde las cenizas de aquel icónico templo. Si París bien vale una misa, la capital de Nicaragua también tiene lo suyo: días después apareció en Managua entrevistando a Marta Lucía Pineda y a otras figuras; andaba con camiseta, sin maquillaje, sin olor a colonia fina y con las cejas sin peinar; no había tiempo, tenía que informar. Viajó sin luces ni cámaras; lo hizo únicamente con un teléfono celular con el que grabó las entrevistas e hizo las transmisiones en vivo.
Así es este colega, a quien considero mi amigo. Ignacio empezó en periodismo en 1982, en La Nación, bajo la dirección del gran periodista Eduardo Ulibarri Bilbao. Justamente, yo también empecé a trabajar en el periódico ese mismo año. Desde entonces iniciamos una amistad que se ha mantenido intacta y de la que me siento muy complacido y orgulloso. A Ignacio lo respeto y lo admiro, como se quiere a un amigo. Hablamos y nos vemos poco, pero cuando lo hacemos disfrutamos ampliamente porque son muchas las cosas que nos unen, como el respeto, la lealtad y la honestidad, cada vez más ausentes en nuestra sociedad.
Sí, me duele su partida, pero me consuela saber que seguiremos siendo amigos y, cuando ya él ingrese al club de la tercera edad, nos sobrará tiempo para remojar anécdotas con un buen café o un Viña Alberdi, eso sí, no le prometo jugar dominó, como los cubanos, porque nunca aprendí; lo único que hago para entretenerme es resolver crucigramas. Gracias, Ignacio, por honrar esta amistad tan querida, por quererme como yo lo quiero.
Termino con una frase del periodista Everardo Herrera Soto, quien también conoció a Ignacio en la sala de redacción de La Nación. Dijo Everardo: “Su retiro no borra la huella. La convierte en referencia. Gracias, Ignacio, por el camino recorrido y por demostrar que el periodismo también se construye desde la coherencia personal.
Te tengo un vieras…
Vieras que Everardo Herrera, al leer lo que escribí sobre la salida de Ignacio Santos de Telenoticias, comentó: “Una reseña con tu pluma genial, ataste todos los cabos de esa legendaria trayectoria; hoy merece reconocimiento y partir con la frente en alto. He compartido con él desde 1983, cuando coincidimos en La Nación, me llevó a NC4 y después nos vimos muchos años en Canal 7. Profesional sobresaliente y como persona muy confiable. Mi respeto y admiración para Ignacio Santos Pasamontes. Everardo comentó también en su perfil de Facebook: “Coincidimos muy jóvenes en 1983 en la redacción de La Nación. Éramos muchachos con sueños grandes y oficio en construcción, del que hablábamos mientras saboreábamos el café en la soda, en tardes apuradas. Ahí pude descubrir no solo al reportero disciplinado, sino al excelente escritor: claro, preciso, lector conocedor del idioma, cualidad que después trasladó con naturalidad a la televisión.
“El tiempo volvió a juntarnos en 1994, cuando dirigía NC4 y decidió abrir la edición de las 5:30 p. m. Me llamó para presentar deportes. Aquella etapa me permitió verlo de cerca en la toma de decisiones, en sus luchas internas por hacer buen periodismo y en su liderazgo sereno. Ignacio es periodista y abogado, pero sobre todo un profesional de método: ritmo, seguridad en cámara, manejo del lenguaje y criterio editorial firme. Más adelante, durante mis once años en deportes en Canal 7, volvimos a coincidir con frecuencia. La relación siempre fue de respeto y confianza, cultivada con el paso de los años. Hoy el país reconoce su carrera brillante en televisión. Yo agrego algo más personal: quienes hemos estado cerca conocemos su buen humor, su inteligencia y una virtud escasa en cualquier ámbito, la lealtad. Su retiro no borra la huella. La convierte en referencia. Gracias, Ignacio, por el camino recorrido y por demostrar que el periodismo también se construye desde la coherencia personal.
Vieras que el excelente periodista limonense, Jason Ureña, de Telenoticias, también comentó la salida de Ignacio Santos: “A don Ignacio le debo mucho, me regañó y me guio muchas veces. No fue mezquino en transmitirme su conocimiento y experiencia, tampoco en felicitar cuando así lo consideraba. Me tocó coordinar con él directamente muchas notas y temas en un contexto particular. Siempre que me llamaba a su oficina para darme indicaciones, terminaba preguntándome cómo estaba de ánimo, cómo me sentía en el canal, porque para él eso era prioridad. Nunca olvidaré el empujón que me dio una frase suya recién llegando: 'Jason, confío en usted y en su criterio como periodista. Por eso lo traje’. Desde ahí empecé a disfrutar mucho más el trabajo y a desbordar de pasión. Me enamoré del periodismo viéndolo dar las noticias en Canal 7. Hoy me toca verlo despedirse en primera fila. Trabajar a su lado estos años fue un sueño cumplido y un privilegio que no puedo explicar”.
Vieras que Nilsen Buján, quien también trabajó en Telenoticias, se expresó en forma generosa de Ignacio Santos: “Calibró mis enfoques periodísticos con conversaciones muy directas, me impulsó a coordinar una edición y tener el liderazgo de llevarla a buen puerto, me invitó a estudiar y estudiar, me impulsó a ser diferente y darme la libertad de poder innovar y proponerle temas diferentes. Me aportó como un padre, me habló como un amigo y me instruyó como un periodista profesional”.
Vieras que la gran periodista Marcela Angulo también opinó sobre la salida de Ignacio Santos. Ella escribió: “Muy merecido retiro el de Ignacio Santos de Telenoticias, para asumir su oportuna jubilación. Sin embargo, no puedo decir que sea una noticia ante la cual pueda una mantenerse al margen. Casi 30 años en el importante y relevante cargo de director del noticiario merecen ser aplaudidos y recordados. El buen trabajo del estimado colega en un cargo tan delicado e influyente deja su profunda huella en el periodismo nacional. Ignacio, muchas felicidades. Sos un colega y amigo admirable”.
Eso es todo, los quiere Tía Zelmira, la que todo lo mira.