Sucesos
Banda de alias “Diablo” retoma búnker 48 horas después de intervención de Fuerza Pública
Se trata de una estructura ubicada en Realengo de La Emilia en Pococí, Limón.
Los búnkeres utilizados para la venta de droga en Costa Rica han evolucionado. Ya no se trata únicamente de estructuras improvisadas donde se almacenan y comercializan sustancias prohibidas: el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) ha encontrado sitios con accesos cada vez más restringidos, portones reforzados y hasta paredes con estructuras metálicas diseñadas para dificultar el ingreso de las autoridades.
“El búnker en sí es como la cadena final, que puede ser un búnker, igual puede ser un vendedor express, puede ser un vendedor de calle, pero principalmente los búnkeres es como el culmen de esta negociación”, señaló Vladimir Muñoz, subdirector interino del OIJ.
Según el jerarca policial, en estos puntos se concreta la venta de pequeñas cantidades de droga y el dinero posteriormente regresa a las estructuras criminales. “De ahí el dinero regresa, ya como producto de estas ventas de drogas”, explicó.
Pero uno de los principales cambios detectados por el OIJ está en las medidas de seguridad utilizadas para proteger estas estructuras. Muñoz detalló lo que pasó en un operativo realizado meses atrás en los Cuadros de Guadalupe, cerca de la zona conocida como El Matadero, donde los agentes se encontraron con un búnker cuya estructura había sido reforzada para impedir el ingreso policial.
El inmueble era una construcción mixta, con madera y otros materiales, pero contaba con portones y barras de hierro que complicaron el ingreso. El Servicio Especial de Respuesta Táctica (SERT), unidad especializada en ingresos violentos, tuvo que utilizar equipo hidráulico para poder avanzar.
“Duraron 45 minutos ingresando al segundo piso de ese inmueble”, recordó Muñoz.
La dificultad no estaba únicamente en las puertas. Según el subdirector del OIJ, los agentes debían atravesar paredes que escondían un segundo nivel de protección.
“Era increíble ver el esfuerzo que hacían los investigadores porque rompían una pared, dentro de la pared de cemento tenían un reforzamiento de láminas, tal vez de 15 milímetros, o de más pulgadas”, describió.
Muñoz aseguró que este tipo de estructuras también ha sido detectado en otros sectores de la capital, entre ellos los Hatillos y Tirrases. En esos casos, explicó, se trata de búnkeres donde el acceso está mucho más restringido y cuyo objetivo principal es proteger el punto de venta.
El OIJ también ha identificado otra modalidad: pequeños puntos de venta que mantienen cantidades reducidas de droga y que se abastecen desde una estructura utilizada como “casa caleta”.
“El vendedor anda poquitas dosis de droga, anda a 15, 20 dosis, vende y vuelve a ir a traer a un búnker que es casa caleta y vuelve a vender a este sitio”, explicó Muñoz.
De esta forma, ante una intervención policial, en el punto de venta puede encontrarse una cantidad relativamente pequeña de droga.
Para el subdirector del OIJ, combatir estas estructuras requiere ir más allá de realizar allanamientos. Algunas son intervenidas varias veces y vuelven a operar, mientras que en otros casos los grupos criminales se apropian de viviendas cuyos propietarios originales son expulsados mediante amenazas.
“Aquí lo que se interesa es no solamente destruir búnkeres, detener narcotraficantes, sino devolver los espacios y también las propiedades a sus dueños originales”, concluyó Muñoz.