POR Susana Peña Nassar | 8 de marzo de 2026, 13:00 PM
Hace 35 años, un procedimiento médico marcó un antes y un después en la historia de la salud pública costarricense. El liberiano Juan Rueda se convirtió en el primer paciente del país en recibir un trasplante de corazón, una operación inédita en Centroamérica y el Caribe en aquel momento.
Detrás de ese hito médico hubo horas de tensión, precisión y decisiones tomadas al segundo. Pero también ocurrió un episodio que casi nadie conocía hasta ahora.
En 1991, la salud de Rueda se había deteriorado gravemente. Ante ese escenario, el doctor Longino Soto y su equipo del Hospital México decidieron intentar lo que nunca antes se había hecho en la región: reemplazar el corazón del paciente por el de un donador.
El órgano provenía de un joven de 16 años que había fallecido en un accidente. El 8 de marzo de ese año, dos equipos médicos trabajaban de forma simultánea en los quirófanos del hospital: uno con el donador y otro con el receptor. La coordinación entre ambas salas debía ser exacta.
“El proceso tenía que ser muy cuidadoso, casi desde el punto de vista del reloj”, recordó el doctor Manuel Alvarado, actual jefe de Cirugía Cardiovascular del Hospital México, quien en ese momento tenía 29 años y formaba parte del equipo.
Según relató, el momento más crítico ocurrió cuando el corazón fue trasladado desde un quirófano hacia el otro.
“El corazón se echó en una palangana, como decimos nosotros, de forma muy popular. La distancia entre un quirófano y otro era tal vez de unos 12 o 14 metros”, explicó.
Durante ese traslado pasó algo inesperado: uno de los médicos que participaba en la extracción del órgano tropezó con un cable de la bomba de circulación extracorpórea. En ese instante, el corazón estuvo a punto de caer.
“Ese fue el momento más tenso, porque el corazón casi se cae. Si hubiera pasado, hubiera sido fatal, porque ya empezaríamos con un corazón contaminado”, relató Alvarado.
El nuevo órgano permitió prolongar la vida de Juan Rueda, aunque no por el tiempo deseado: murió un año y cuatro meses después, el mismo día en que su hija, Edith Rueda, cumplió 15 años. El fallecimiento ocurrió mientras el paciente iba en bicicleta; según los médicos, sufrió una arritmia y entró en paro cardiaco.
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