POR Eric Corrales | 10 de septiembre de 2026, 18:08 PM

Los jóvenes universitarios de entre 17 y 24 años forman parte de los grupos que registran las tasas más altas de intento de suicidio notificados en Costa Rica, de acuerdo con datos de la Dirección de Vigilancia del Ministerio de Salud.

Este rango de edad comprende a una parte importante de la población universitaria y plantea la necesidad de fortalecer las estrategias de detección temprana, prevención y acompañamiento dentro de los centros educativos.

De acuerdo con los expertos, cambios repentinos de comportamiento, aislamiento, ausencias recurrentes o una conversación en la que una persona deje entrever que atraviesa una situación difícil pueden ser señales que permitan a familiares, docentes, compañeros o amigos activar una red de apoyo y facilitar el acceso oportuno a ayuda especializada.

En el ámbito universitario, el contacto cotidiano permite que docentes y compañeros puedan detectar cambios que ameriten atención. Por ello, especialistas destacan la importancia de brindarles herramientas para reconocer posibles señales de riesgo y conocer los mecanismos disponibles para solicitar ayuda.

“Existen factores personales, familiares, sociales, emocionales e incluso comunitarios que pueden confluir en un comportamiento suicida. Por eso son tan importantes los vínculos y las redes que sostienen a una persona cuando atraviesa una situación difícil”, explicó la psicóloga Maricela Víquez, coordinadora nacional de Bienestar Estudiantil de la Universidad Latina de Costa Rica.

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Este jueves 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. En el centro universitario se brindarán charlas gratuitas, durante toda esta semana, bajo los conceptos de conectar, escuchar y acompañar.

De manera paralela, se realizarán actividades de sensibilización y se habilitarán stands orientados a brindar herramientas relacionadas con la escucha, el acompañamiento, el autocuidado y los factores de protección.

La prevención es responsabilidad de todos

Para Víquez, uno de los principales objetivos de este tipo de actividades es romper con la idea de que la prevención corresponde únicamente a los especialistas y promover la activación de redes de apoyo cuando exista preocupación por el bienestar de una persona.

“Cuando una persona deja de contar con vínculos o con una red lo suficientemente fuertes como para sostenerla, la situación puede volverse más riesgosa. Por eso necesitamos construir redes en las que las personas sepan escuchar, acompañar y también reconocer cuándo es momento de buscar ayuda profesional”, agregó.

La jornada busca reforzar un mensaje central: escuchar, acompañar y conectar a una persona con ayuda profesional puede ser fundamental para fortalecer las redes de protección y prevención.