POR Eric Corrales | 25 de enero de 2026, 8:58 AM

¿Por qué las casas de Barrio Amón son tan llamativas? Balcones trabajados, mosaicos, molduras y una mezcla de estilos arquitectónicos que no parecen estar ahí por casualidad. Y no lo están. Cada detalle es parte de una historia urbana ligada al poder, la élite cafetalera y la transformación de San José a finales del siglo XIX e inicios del XX.

Con el auge económico impulsado por el café, la capital costarricense empezó a expandirse más allá de su tradicional cuadrícula colonial. La élite josefina tomó entonces una decisión estratégica: mudarse hacia el norte del centro de la ciudad, una zona más abierta, mejor ventilada, alejada del bullicio comercial y cercana a los nuevos parques urbanos. En ese contexto, salud, orden y prestigio eran valores tan importantes como el lujo.

Para comprender mejor el surgimiento y valor de Barrio Amón, Teletica.com conversó con la doctora Florencia Quesada Avendaño, catedrática de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Helsinki, en Finlandia, e investigadora especializada en historia urbana costarricense.

Quesada explica que la creación de Barrio Amón marcó un punto de quiebre en la historia de San José, al consolidarse como el primer residencial de la élite capitalina. Sus límites históricos se extendían desde la actual avenida 7 al sur, la avenida 13 o río Torres al norte, la calle central al oeste y la calle 9 al este.

Barrio Amón se desarrolló bajo la visión de Amón Fasileau-Duplantier, empresario francés y figura clave en la urbanización de esta zona. Su propuesta, presentada a la Municipalidad de San José en 1892, buscaba crear un residencial moderno para la élite, inspirado en modelos europeos. La zona fue urbanizada oficialmente en 1897, convirtiéndose en el primer barrio residencial exclusivo de la clase alta josefina.

El desarrollo del barrio estuvo estrechamente ligado a la familia Turnón, una de las más importantes exportadoras de café de la época, que poseía propiedades, beneficios cafetaleros y hasta una planta eléctrica en las cercanías del río Torres. A esto se sumaron factores clave como la llegada del ferrocarril, la construcción de la Avenida de las Damas, los nuevos parques urbanos —como el Parque Morazán y el Parque Nacional— y la instalación de infraestructura moderna: agua potable, electricidad, cloacas y cañerías.

Esa influencia europea sigue presente hasta hoy, no solo en la arquitectura, sino también en la vocación cultural del entorno. No es casualidad que actualmente la Alianza Francesa se ubique en el barrio: la conexión cultural viene desde su origen.

Arquitectura como mensaje de poder

Las casas de Barrio Amón no fueron concebidas únicamente para ser funcionales. Fueron pensadas para ser vistas. La mezcla de estilos —victoriano, neoclásico, neocolonial, mudéjar, influencias españolas y detalles árabes— responde a un eclecticismo intencional. La arquitectura comunicaba estatus, modernidad y poder.

Incluso la política dejó su huella en el barrio. Edificaciones como la llamada Casa Rosada, vinculada a la dictadura de los hermanos Tinoco, evidencian cómo la arquitectura también funcionó como símbolo de autoridad en determinados momentos de la historia nacional.

Según la investigadora, Barrio Amón no solo transformó las fachadas de San José, sino también la vida cotidiana de sus habitantes. 

"Las viviendas incorporaron nuevos materiales, técnicas constructivas y una organización interna más especializada, reflejo de una naciente cultura urbana burguesa. El baño y la cocina se integraron al interior de las casas, se redefinieron los espacios privados y se adoptaron comodidades modernas impensables décadas atrás", explicó Quesada.

Según la experta, muchos de estos inmuebles reflejaban el origen de sus propietarios: inmigrantes españoles introdujeron el estilo mudéjar —musulmanes que vivían en los reinos cristianos de la península ibérica durante la Edad Media (siglos XII-XVII); otros apostaron por casas de madera de gran escala, como las que aún sobreviven cerca del antiguo Hotel Dunn. Sin embargo, gran parte de este patrimonio se ha perdido con el paso del tiempo.

Entre la conservación y el abandono

Hoy, Barrio Amón es una mezcla de resistencia y fragilidad. Muchas casas históricas siguen en pie y en buen estado; otras fueron demolidas y algunas sobreviven gracias al esfuerzo de familias y gestores culturales. "Espacios como Café Rojo o Amón Solar mantienen vivo el barrio, al igual que actividades como Amón Cultural, que se realiza cada mes de marzo".

También iniciativas ciudadanas como los recorridos a pie y en bicicleta, impulsados por colectivos como Chepetown y Chepecletas, han demostrado que caminar el barrio lo activa, lo cuida y lo resignifica.

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No obstante, la doctora Quesada advierte que Barrio Amón enfrenta serios problemas sociales, como "el aumento de la prostitución, el narcotráfico y la falta de políticas públicas firmes para la conservación del patrimonio. Muchas casas históricas han sido convertidas en parqueos o han quedado en abandono, provocando la pérdida irreversible de memoria e identidad urbana".

Para la profesional, "Barrio Amón no está muerto. Pero tampoco está a salvo. Su futuro depende de que más personas lo recorran, lo usen, lo miren y lo defiendan. Porque cada casa que desaparece no es solo una estructura menos: es una página arrancada de la historia de San José".

La doctora escribió un libro que analiza la arquitectura, los espacios interiores y la vida cotidiana de los habitantes de barrio Amón, este se puede adquirir en la Editorial de la UCR. Aquí la información. Además, tiene otro texto sobre la historia de San José.

Si desea más información de los recorridos que hace Chepetown puede contactarlos en el Instagram: https://www.instagram.com/Chepetown/