POR Paulo Villalobos | 23 de febrero de 2026, 11:23 AM

Una excompañera de trabajo de Nadia Peraza relató que la joven constantemente tenía que esconderse en el carro de su jefa, ya que su expareja, a quien se le acusa de femicidio, la esperaba para "asustarla o amenazarla" en su camino de regreso a casa, en San Rafael de Heredia.

Tal situación fue reseñada la mañana de este lunes por Rosimar Contreras, una administradora comercial, vecina de ese mismo cantón herediano, quien coincidió entre febrero y octubre de 2023 con la víctima cuando esta fue salonera y bartender del restaurante Ajúa de San Pablo.

Incluso, la deponente explicó durante el interrogatorio del fiscal Óscar Serrano que una vez, ella y otro compañero salieron hacia San Rafael. Peraza se sumó a aquella caminata, en el tanto que se sentía acompañada.

Cuando llegaron al Quiznos situado diagonal al campus Omar Dengo de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA), en Heredia, observaron a Buzano mientras fumaba marihuana y aguardaba por la joven. Una vez que los tuvo de frente, el hombre se limitó a quedárseles viendo.

En ese entonces, el exnovio vivía en Heredia, mientras la joven lo hacía con su hermano y su hija en San Rafael. De ahí que fuera constante que el sujeto se acercara al restaurante o la acechara en su ruta de regreso a la casa.

Ya el 19 de febrero anterior, la exjefa de Peraza, Nataly García, refirió que varias veces tuvo que esconder a su subalterna en un baño o en su auto cuando Buzano llegaba a hacer escenas. Pero Contreras manifestó que únicamente vio tres veces o cuatro cuando llegó para que pudiera compartir con la hija que tenían en común en sus ratos libres.

Esa otra testigo también indicó que había visto al sospechoso deambulando por los alrededores del lugar de trabajo.

Ambas deponentes aseguraron haber notado moretes en los brazos de la joven, pero que esta nunca les contó qué era lo que le había pasado. Contreras también observó cicatrices de cortaduras, que cree que tenían que ver con un deseo de morir relacionado con una depresión que atravesaba, de los cuales Peraza desistió cuando quedó embarazada y tuvo a su hija.

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Testigo: Nadia Peraza salía del trabajo escondida en carro de jefa por temor a sospechoso. El acusado por el crimen, quien tenía una hija con la víctima, le cobró una vez por el cuido y luego amenazó con abandonar a la niña en la calle si no volvía de una salida, narra excompañera. Más detalles en Teletica.com. 💻📲

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Maltratos

Con el paso del tiempo, Nadia Peraza y Rosimar Contreras entraron en confianza y se hicieron cada vez más cercanas. Fue entonces que empezó a hablarle de las discusiones frecuentes que tenía con Buzano por asuntos relacionados con el cuido o la manutención de la menor, pues este último no tenía trabajo.

Así se enteró de cómo este constantemente la insultaba, llamándola “zorra, puta o hijueputa”.

Según explicó la testigo, la víctima no se animaba a hablar sobre el tema con nadie, ya que “no le gustaba sentirse humillada”.

Añadió que, en una ocasión, ella invitó a su amiga a salir; esta le pidió al padre de la niña que la cuidara para ella poder salir a despejarse. Pero esa vez, Buzano le exigió a Peraza dinero a cambio del cuido, puesto que creía que esta “se iba a ir a putear”.

Finalmente, la ofendida accedió a pagarle ¢5.000 con tal de salir. Sin embargo, durante la madrugada, Buzano presuntamente envió varias fotografías de la niña en la calle, junto a la amenaza de que, si no regresaba, la iba a abandonar ahí.

Peraza, Contreras y otro amigo con el que estaban se devolvieron para recoger a la menor. No obstante, el padre en apariencia se negaba a entregarla e hizo “un espectáculo” por hasta 40 minutos. Nuevamente imperaron los insultos y los gritos, hasta que Buzano accedió a dar a la niña.

Ya con su hija en brazos, la joven regresó a San Rafael acompañada por un amigo, mientras la testigo dijo haberse devuelto a su vivienda en un Uber. Contreras aseguró que la bebé de entre año y medio y dos años "moría de sueño", pues en el regreso era claro que "cabeceaba".

La deponente además  declaró que, otra vez, el 2 de noviembre de 2023, visitó en San Rafael a Peraza, quien la iba a maquillar para el Día de los Muertos. A eso de las 9 o 10 a. m., Buzano despertó e interactuó con las mujeres, mientras la niña dormía.

“La trataba como si fuera su esclava”, narró Contreras.

De acuerdo con la testigo, durante esa conversación, el hombre interrumpió para demandarle a Peraza que cocinara y le hiciera café. Ella le respondió que si él no tenía manos para hacerse su propio desayuno. Al final, fue la deponente quien compró pan para comer.

Contreras fue insistente en que en ese momento, Peraza y Buzano no eran pareja, sino que la primera le permitió al segundo vivir con ella, porque este llegaba a darle lástima, diciéndole que no tenía dónde dormir ni qué comer.

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