De la A a la Z
Urbanismo y combate a la delincuencia
Una verdadera política criminal va mucho más allá e involucra elementos preventivos, como el urbanismo.
Antes de levantar una acera, diseñar un parque o construir una biblioteca, hay que hacer algo mucho más simple: escuchar a quienes van a usar esos espacios. Esa fue una de las principales lecciones que permitió transformar Medellín, Colombia, y que ahora busca abrirse camino en Costa Rica de la mano de Fundación CRUSA.
El modelo, conocido como urbanismo social, parte de una premisa que rompe con la planificación tradicional: las comunidades no deben ser únicamente beneficiarias de las obras, sino protagonistas de su diseño.
La participación ciudadana, la planificación de largo plazo y la voluntad política fueron, según el arquitecto y urbanista colombiano Gustav Restrepo, los pilares que cambiaron el rumbo de una ciudad marcada por la violencia.
"Trabajar con los vecinos, preguntarles qué querían, cómo lo querían y dónde lo querían", explicó Restrepo durante una visita a Costa Rica en la que conversó con Teletica.
Lo anterior fue el punto de partida para construir una estrategia que no solo modificó el espacio urbano, sino también la relación de las personas con su ciudad.
La lógica era sencilla: si las personas participan en la construcción de su entorno, desarrollan un sentido de pertenencia que fortalece el cuidado de los espacios públicos, mejora la convivencia y genera confianza entre las comunidades.
Esa misma filosofía es la que inspira el nuevo programa de Comunidades Inteligentes impulsado por Fundación CRUSA, que busca acompañar a gobiernos locales para diseñar proyectos urbanos junto con la ciudadanía.
"El conocimiento técnico es necesario, pero tiene que estar en función de una construcción con la ciudadanía", señaló Byron Salas, representante de la fundación.
"Diseñar con y para las personas les da un rol protagónico y permite generar cohesión social y bienestar", agregó.
Para Salas, escuchar, sin embargo, no es suficiente. El proceso debe traducirse en acciones concretas y en un trabajo de codiseño que permita entender cómo las personas usarán y protegerán los espacios que se construyan.
La experiencia de Medellín demuestra que esa metodología puede tener efectos que van mucho más allá de la infraestructura.
Restrepo sostiene que un mejor sistema de transporte, espacios públicos dignos, bibliotecas y centros educativos terminaron ofreciendo alternativas para miles de jóvenes que antes encontraban en la delincuencia una salida.
"La mejor manera de combatir el narcotráfico está en darle oportunidades a los jóvenes", afirmó el urbanista colombiano, quien asegura que construir ciudad también significa construir ciudadanía.
En Costa Rica, la apuesta busca trasladar ese aprendizaje al contexto local. El programa de CRUSA abrirá una convocatoria para que municipios y concejos distritales presenten proyectos que, además de recibir acompañamiento técnico, incorporen procesos de participación ciudadana y financiamiento para su ejecución.
El objetivo es que las comunidades dejen de ser simples espectadoras del desarrollo urbano y se conviertan en quienes definan cómo quieren vivir sus barrios y ciudades.
La premisa del proyecto es que la transformación no empieza cuando entra la maquinaria, sino mucho antes: cuando alguien se sienta a preguntar qué necesita realmente la comunidad y decide construir a partir de esa respuesta.