POR Mónica Matarrita | 24 de marzo de 2026, 7:47 AM

"'Roger Michi Sin Camisa'. hijo de doña Sonia y nieto de doña Damaris, pero nada de eso sabiamos antes de su muerte. Ni siquiera su nombre. Le decíamos 'Sin Camisa0, porque así andaba siempre a pesar de los fríos de las ultimas semanas".

Esta fue una publicación en Facebook horas despues de una balacera que acabó con la vida de tres hombres en Paso Ancho de San Sebastián, en San José.

Su verdadero nombre era Roger Martín Cerdas Ávila, quien tenía 33 años. Era padre de una hija, chef, cinta negra y hablaba siete idiomas (vea video adjunto de Telenoticias).

Las autoridades lo vinculan con una banda narco de los barrios del sur de la capital.

Pero su madre desconocía esa situación. Lo que si sabía era que las drogas le arrebataron a su hijo en los ultimos años.

"Eso no se puede ni explicar. Eso duele demasiado porque por más que usted luche, él no le va a decir a uno en dónde consume, ni quién le da la cosa, ni cómo lo consigue. Entonces son situaciones que se le escapan de las manos a uno. Porque yo le preguntaba: Papi, pero usted de dónde coge plata o cómo hace. Él me decía que ahí aparece. Que yo sepa que él haya estado en alguna organización, no, porque nunca me di cuenta. Sí me daba cuenta de que andaba ahí en la calle", narra esta mamá, cuya identidad será protegida por este medio.

Pero su historia va más allá, pues en la juventud, y por la ausencia de un empleo formal, esta mujer se vio obligada a vender drogas.

"Yo vivía sola. Vivía en un cuartico en 'La Carbonera' (en San Juan de Dios de Desamparados). Había una señora, que ya falleció, que me decía... yo no podía ir a trabajar porque no los podía dejar solos. Antes no existían guarderías como existen ahora. Entonces yo decía que lo único que quedaba era decirle a la señora que sí.

"Ella me daba puros de marihuana para que yo vendiera o para que le guardara en el cuartico (sic.) en el que yo vivía. Ella me pagaba. Con lo que me pagaba yo pagaba el cuartico en el que vivía y les compraba la comida, la lecha, los pañales o lo que tenía que comprarles a ellos", contó la madre.

De acuerdo con el director general interino del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), Michael Soto, desde hace una década se volvió más frecuente la presencia de menores de edad en estructuras dedicadas al narcotráfico.

El jefe de la Policía Judicial sostiene que el crimen organizado busca jovenes en vulnerabilidad; principalmente con necesidades económicas y en busca de un sentido de pertenencia.

"(Los menores) están en un proceso de identidad. Ellos necesitan identificarse con algo. Muchas veces las familias no son las más adecuadas porque no hay una contención emocional buena, adecuada. Son familias disfuncionales, donde el afecto no se da muchísimo.

Y afuera, como yo siempre he dicho, esta gente (el crimen) ha estudiado la psicología y el desarrollo de nuestra niñez y adolescencia, mejor que el sistema educativo, mejor que el Patronato Nacional de Infancia (PANI), mejor que todos. Han visto cómo llegarles. Les ofrecen también una contención de amistad, como si fueran una familia, pero es una familia ficticia", comentó la psicóloga Rocío Solís.

Además, desde el Organismo de Investigación Judicial recalcan que para las estructuras criminales los jovenes son desechables y facilmente reemplazables.

En cuanto al promedio de vida dentro de una estructura criminal, este es muy circunstancial, pues para sus integrantes hay dos probabilidades: la muerte o la carcel.

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