POR Paulo Villalobos | 18 de febrero de 2026, 17:15 PM

Marilyn Espinoza, la mamá de Nadia Peraza, expuso detalladamente una serie de situaciones de violencia que, en apariencia, su hija vivió antes de ser asesinada entre el 20 de febrero y el 6 de abril de 2024.

Esas agresiones, tanto físicas como psicológicas, eran frecuentes en una “relación de poder y control” —como lo apunta la Fiscalía en su acusación— a la que supuestamente fue inducida la víctima, por parte de su pareja y el único sospechoso del crimen, un hombre de apellido Buzano.

Las discusiones fueron frecuentes a lo largo de los seis años de unión libre que tuvieron el acusado y la agraviada, según declaró la madre en el juicio por el femicidio, la mañana de este miércoles.

Sin embargo, la mujer reconoció que ella no presenció esas situaciones, sino que estas le fueron relatadas por sus hermanos, sus hijos e, incluso, funcionarios del Patronato Nacional de la Infancia (PANI).

Las situaciones descritas tuvieron lugar en todos los domicilios que tuvo la pareja, de acuerdo con la testigo. Esto incluye dos casas en San Rafael, así como un cuarto en Heredia.

Pero Espinoza sí dijo que observó al novio de su hija pelearse con un tío de esta última, cuando el pariente lo encaró para pedirle que dejara de discutir con su sobrina. Esa vez, indicó la madre, Buzano le pegó con una faja a su hermano.

Más adelante, cuando la pareja todavía vivía en San Rafael con ella y una parte de la familia Espinoza, la mamá aseguró que una vez se acercó a hablar con el sospechoso sobre unos comentarios que había hecho de Peraza, y este le respondió que a ella qué le importaba. Desde ese momento —declaró— la relación del sujeto con su suegra se deterioró.

La madre entonces visitaba esporádicamente a su hija y, más adelante, a su nieta, cuyo nombre Teletica.com reservará.

Una de esas veces, en el apartamento de Heredia, Espinoza aseguró que presenció cómo Buzano salía rápidamente del lugar, mientras su hija le tiraba un objeto. Luego, la joven le explicó a su mamá que habían discutido, aunque no le detalló por qué.

Esa fue una constante en las conversaciones que tenían esta madre y su hija, pues lo único que supo era que el sospechoso, supuestamente, era muy celoso y que sobre eso era que versaban los reclamos.

Cuestionada sobre si alguna vez notó si Peraza tenía signos de violencia, Espinoza comentó que solo en una ocasión.

"Un día traía el labio partido, pero no me dijo qué le había pasado", precisó. "La fecha no la recuerdo. (...) Estaban viviendo juntos en el apartamento cerca de mi casa", agregó.

Ese incidente ocurrió poco antes de la desaparición y posterior muerte de la joven.

De hecho, del relato de mamá se extrae cómo las agresiones fueron en aumento. Pasó, por ejemplo, que un día encontró a la Fuerza Pública en una casa en la que por un tiempo vivió Peraza con su pareja, en San Rafael. El dueño de la vivienda, el cual fue referido únicamente como “Mingo”, había llamado ese día porque había escuchado aparentes golpes contra la menor de edad.

Pero no fue sino hasta más adelante que Espinoza se enteró de que las visitas de la Policía al domicilio de su hija no eran aisladas.

En una de esas ocasiones, el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) intervino y le quitó a la pareja su hija. Esta fue entregada temporalmente a la abuela materna, el 4 de febrero de 2024, y fue en ese momento que le expusieron que la joven había llamado varias veces al Sistema de Emergencias 9-1-1.

De ahí en adelante, la situación empeoró. Peraza había anunciado su intención de separarse de Buzano y no vivir más con él, manifestó la testigo. No obstante, esto no ocurrió.

Y un 21 de febrero de 2024 —apuntó la madre— la joven llegó por última vez a su casa. La muchacha dejó de aparecerse en su casa, dejó de visitar a su hija y dejó de trabajar. Respondía algunos mensajes de familiares y amigas, pero no llamadas. Una vez indicó que estaba en la playa y otra que había empezado un nuevo empleo en Alajuela.

Según la pieza del Ministerio Público, esas conversaciones fueron entabladas por Buzano, desde el teléfono de su pareja, en un intento por distraer la atención por la desaparición de Peraza.

Primer contacto

En esos esfuerzos por encontrar a su hija, Marilyn Espinoza fue a la casa en la que esta vivía con el sujeto de apellido Buzano.

Con ayuda del casero, e incluso del sospechoso, logró entrar a la vivienda donde temía que la joven estuviera amarrada. Pero ello no fue así. No encontró nada.

Sí describió que el inmueble estaba sumamente desordenado y se manifestó confundida por una ropa que el hombre tenía en la refrigeradora. Aunque le pareció extraño, la testigo señaló que pensó que era que iba a lavar o algo por el estilo.

En todo momento, el sospechoso estuvo nervioso, de espaldas al electrodoméstico, de acuerdo con la testigo..

Tiempo después, el 17 de mayo de 2024, el cuerpo de Peraza fue hallado descuartizado en bolsas, frascos y prendas de tela al interior de una refrigeradora en San Pablo.

Al respecto, el defensor de Buzano, Francisco Herrera, se ha limitado a indicar que su cliente es inocente, sin entrar a valorar los hechos acusados o el círculo de violencia descrito por Espinoza.

El abogado de la madre de la joven, Joseph Rivera, enfatizó ante la prensa que el testimonio en cuestión es “vital” para el caso. Asimismo, subrayó que la declaración de su representada debe concatenarse con otras que se recibirán próximamente.

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