Calle 7
Caída en precio de la papa beneficia al consumidor, pero golpea a productores
El kilo alcanzó los ₡600 en abril, tras años de aumentos sostenidos y picos históricos.
Periodista: Jimena López Araya.
Este 15 de mayo se celebra el Día del Agricultor, una fecha para reconocer a quienes trabajan la tierra y producen los alimentos que llegan diariamente a la mesa de los costarricenses.
En Pacayas de Cartago, dos jóvenes productores de papa demuestran que la agricultura sigue viva en las nuevas generaciones y que, pese a las dificultades, todavía hay quienes apuestan por el campo como proyecto de vida.
La agricultura exige paciencia. La tierra no entrega resultados inmediatos y requiere cuidados constantes, conocimiento técnico y jornadas de trabajo que empiezan desde muy temprano. Más allá de ser una actividad clave para la economía nacional, también sostiene la seguridad alimentaria del país. Sin embargo, cada vez son menos los jóvenes que deciden dedicarse a esta labor.
Aunque muchas veces los consumidores solo ven el producto final en los supermercados o ferias, detrás de cada cosecha hay personas que arriesgan tiempo, dinero y su futuro para mantener abastecida la mesa de todo un país.
En las faldas del volcán Turrialba, entre el olor a tierra mojada, las flores blancas que adornan los cultivos de papa y el frío viento de montaña, se encuentran historias marcadas por el esfuerzo y la perseverancia.
Ahí trabaja una joven agricultora que llegó al campo por amor. Su novio, Hermer, quería continuar con la tradición familiar de cultivar la tierra y ella terminó enamorándose también de esa forma de vida. Hoy ambos depositan su futuro en las cosechas de papa y en el esfuerzo diario que implica mantenerlas.
"Me dedico a la agricultura hace poco, hace aproximadamente 6 años, 6 años y medio, y soy de la zona norte de Cartago y vivo en Pacayas. Es un honor trabajar la tierra, no solo por el hecho de que gracias a nuestra labor llevamos el alimento a muchas familias costarricenses, sino que es un trabajo muy duro, más para una mujer en ciertos aspectos.
"Es una labor muy noble, es una labor que muchas veces se ve poco reconocida, y sinceramente para mí es todo un orgullo no solo representar a los agricultores de Cartago, sino también a las mujeres", dijo Valeria López, agricultora de 25 años.
A pocos kilómetros de la cabecera del cantón alvareño, otro joven continúa el legado de sus antepasados. Creció viendo a su abuelo y a su padre dedicar su vida al campo y, con el paso de los años, entendió que, más que un trabajo, la agricultura era su vocación.
"Desde pequeño nos llevaban al campo y ahí nos empezamos a involucrar, y creo que algo de lo importante que tenemos nosotros los agricultores es la perseverancia, esa perseverancia por saber que viene algo mejor, y además esa conciencia de saber que estamos produciendo alimento, que estamos dando sustento, que estamos generando empleo; entonces eso es muy gratificante para nosotros como productores", agregó Kevin Aguilar, quien desde hace 15 años representa en su familia la tercera generación de agricultores.
Sin embargo, producir alimentos implica altos costos y grandes riesgos económicos. Estos jóvenes explican que, en una sola siembra de papa, pueden invertir cerca de ocho millones de colones.
En ocasiones, dependiendo de la demanda y de la disponibilidad del producto en el mercado, terminan obteniendo apenas ¢250 de ganancia por cada kilo de papa vendido, una cifra que puede representar ingresos muy por debajo de la inversión inicial realizada.
Y es que quienes trabajan la tierra siembran mucho más que alimentos: siembran sacrificio, esperanza y futuro.
Este Día del Agricultor recuerda el esfuerzo silencioso de miles de personas que, todos los días, trabajan para alimentar a Costa Rica.