POR Paulo Villalobos | 20 de febrero de 2026, 11:52 AM

Un fuerte hedor y algunos rastros de sangre fue con lo que se encontró Eavemilex Ramírez en su apartamento, luego de que en él vivieran Nadia Peraza y un novio de esta, de apellido Buzano.

El hallazgo se dio el 21 de abril de 2024, que fue el día en que ingresó tras haber sacado del inmueble a la pareja, después de dos procesos de desahucio —primero a la mujer y luego al hombre— que iniciaron el 22 de febrero y el 5 de marzo de ese año, respectivamente.

Así lo declaró el casero durante la declaración que rindió ante el Tribunal Penal de Heredia, en el juicio que se sigue contra Buzano por el femicidio de Peraza, ocurrido entre el 20 de febrero y el 6 de abril de 2024.

La sangre yacía en un perling que había en el cuarto. Según explicó, esos rastros no le llamaron la atención en el tanto que, el 23 de febrero de ese año, el sospechoso lo había llamado para pedirle que le abriera el apartamento porque se había cortado la mano izquierda y se estaba desangrando. Aquella vez, quien ayudó a abrir fue la esposa del testigo. Ni este último ni su cónyuge supieron nunca qué le había pasado al acusado.

Para ese momento, había transcurrido una semana desde el último contacto que el dueño del inmueble tuvo con su inquilina. Precisamente, fue en esa conversación que, por mensajes, Peraza le dijo a Ramírez que no iba a poder pagarle y que formalizara el desahucio.

A pesar de lo anterior, el casero notó que la pareja de esta seguía en su propiedad, pues a veces se escuchaba, se veía la luz encendida y se mantenía candado que usualmente él usaba en el portón exterior.

Por ello fue que, tras reiteradas solicitudes para que abandonara el lugar, decidió iniciar un segundo desahucio el 5 de marzo de 2024. Este pudo ser notificado por la Fuerza Pública hasta el 22 de ese mes. Y fue hasta el 6 de abril de 2024 que Buzano se marchó, con su refrigeradora, su lavadora y algunas otras de sus pertenencias.

Fue entonces cuando “se soltó una hediondez”, aparentemente emanada de una bolsa que el sospechoso dejó en el lugar. En ese momento, creyó que era “una maldad” que había hecho el acusado, dejarle una carne ahí para que se descompusiera. Aquel olor fue percibido por “todo el mundo”, indicó el testigo.

Sin embargo, fue hasta el 21 de abril de 2024 que Ramírez pudo entrar al apartamento para empezar a prepararlo para un nuevo alquiler.

Cuando lo hizo, encontró daños como un hueco en una pared, problemas en el piso, puertas del baño y el cuerpo quebrados, entre otros que tuvo que arreglar posteriormente. Los malos olores persistían. Y había ropa y desorden por doquier.

Ya antes, el 1.° de marzo de 2024, cuando se desconocía el paradero de Peraza, este medió para que familiares de la joven pudieran entrar a buscarla. Buzano no se opuso al ingreso, pero en todo momento estuvo cabizbajo y frente a la refrigeradora, detalló. En ese momento, el sospechoso sostenía que la agraviada se había ido a Alajuela.

El testigo explicó que, entonces, empezó a hacer arreglos para acondicionar nuevamente el inmueble. Pero el 14 de mayo de 2024, un agente del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) llegó para hacerle unas preguntas. Al día siguiente, lo llamó para decirle que no podía alquilar el apartamento porque iba a ser necesario allanarlo.

La diligencia se ejecutó dos días más tarde, después de que se encontraran trozos del cuerpo de la ofendida en una refrigeradora que tenía Buzano en San Pablo.

Ramírez apuntó que la Policía Judicial le confirmó que se habían hecho hallazgos de rastros de sangre en donde había estado la bolsa con la carne, así como en la pila.

Al exnovio de Peraza, además del femicidio, se le atribuyen los supuestos de sustracción patrimonial, estafa informática y suplantación de identidad. El debate avanza en la etapa de interrogatorios y está previsto para prolongarse por dos meses.

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