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En las profundidades del océano ocurre una batalla que pocas personas pueden ver: la lucha por conservar especies y ecosistemas fundamentales para la vida marina.
En Costa Rica, un grupo de 13 personas decidió dedicar su trabajo a esa misión.
Se trata de Misión Tiburón, una organización sin fines de lucro que, desde 2009, trabaja en la protección de especies amenazadas y de los hábitats que necesitan para alimentarse, refugiarse y sobrevivir.
Pero su trabajo no se limita a los tiburones.
La organización también busca involucrar a las comunidades costeras y a quienes dependen directamente del mar.
Como parte de esa labor, 30 pescadores han sido capacitados para participar en la restauración de hábitats críticos para tiburones, mientras que 25 mujeres han recibido capacitación para desarrollar alternativas económicas a la pesca.
Además, 70 voluntarios se han sumado a distintas acciones de conservación en comunidades costeras.
La apuesta es que la protección de los ecosistemas marinos también genere oportunidades para las personas que viven en ellos.
Una de las historias más importantes de Misión Tiburón comenzó en Golfo Dulce.
En 2010, la organización inició allí trabajos de educación ambiental, investigación y capacitación con el objetivo de fortalecer la protección de los recursos marinos.
Fue durante esas investigaciones cuando identificaron un hallazgo de gran relevancia científica: la primera zona de crianza conocida del tiburón martillo en todo el Pacífico tropical oriental.
El descubrimiento aportó información para comprender mejor el comportamiento de una especie amenazada y reforzó los esfuerzos para protegerla.
Ocho años después, en 2018, el Gobierno declaró el Santuario del Tiburón Martillo de Golfo Dulce, destinado a la protección de esta especie y de su hábitat.
Un año más tarde, Golfo Dulce recibió otro reconocimiento internacional: Mission Blue lo declaró Hope Spot, una denominación otorgada a lugares considerados de especial importancia para la salud del océano.
El trabajo de Misión Tiburón también ha recibido reconocimientos internacionales.
En 2019, la organización recibió el Whitley Award.
En 2022, obtuvo el St Andrews Prize for the Environment.
Y en 2024, recibió el Océan Prize de la Embajada de Francia.
Sin embargo, el impacto de la organización no se mide únicamente en premios.
También está en los pescadores que se convierten en aliados de la conservación, en las comunidades que participan en la protección de sus recursos y en las nuevas generaciones que encuentran oportunidades para aprender e investigar sobre los océanos.
Misión Tiburón también desarrolla programas de educación dirigidos a niñas y niños en situación de vulnerabilidad y cuenta con la Beca Azul, una iniciativa que apoya a jóvenes profesionales en proyectos de investigación y conservación marina.
Así, detrás de las 13 personas que integran el equipo de la organización hay una red mucho más amplia de pescadores, mujeres, jóvenes, investigadores, voluntarios y comunidades.
Todos forman parte de una misma idea: la protección del océano no es una tarea que corresponda únicamente a quienes trabajan en conservación.
Es una misión que involucra a todos.
Por ese trabajo, Misión Tiburón es reconocida como uno de nuestros Héroes del Ambiente.
Porque proteger a un tiburón también significa proteger el ecosistema marino, y proteger el océano significa, en última instancia, proteger nuestro futuro.