POR Juan Carlos Zumbado | 19 de febrero de 2025, 18:55 PM
Los primeros rayos del sol iluminan el paisaje rural de Los Ángeles, en el municipio de Tabarcía, Mora. En ese preciso momento, ya se observa a Juan de Dios Bustamante, un agricultor que lleva casi seis décadas de vida, trabajando su frijolar con la dedicación y el esfuerzo que solo los años de experiencia pueden otorgar.
Bustamante, que sigue una tradición de generaciones, aprendió a cultivar frijoles de su padre, quien a su vez aprendió del suyo. Esta conexión ancestral con la tierra y la siembra ha sido el motor de su vida. Aunque el trabajo pesado del campo empieza a sentirse más en su cuerpo con los años, el amor por lo que hace lo impulsa a seguir cada día en el campo, sin descanso (repase la información en el video adjunto).
Con el río Tabarcía cerca de su lugar de trabajo, el calor del sol es implacable, pero Don Juan, como es conocido, no se detiene. Las ganas de refrescarse en el agua son fuertes, pero su prioridad es la cosecha. Los frijoles que con tanto esfuerzo obtiene serán vendidos en el pueblo, y esos son sus únicos ingresos. Con la tierra como aliada, se enfrenta a las dificultades con la esperanza de un buen sustento para él y para su comunidad.
El legado de Don Juan de Dios Bustamante es el testimonio de una vida dedicada al trabajo en la tierra, y su ejemplo sigue siendo una inspiración en su comunidad. A pesar de los años, su esfuerzo sigue siendo el pilar de su vida y de su gente.
Lea también
MasQN
Bueyes en tiempos modernos: la historia de Edgar Coto y su lucha por la tradición
En una era de maquinaria pesada, este agricultor demuestra que el trabajo con bueyes sigue siendo clave para una producción agrícola sostenible y eficiente en Turrialba.