POR Rubén McAdam | 17 de agosto de 2026, 18:55 PM

Una vez al año, la comunidad de Tambor de Alajuela cambia las coronas de los grandes reinados por unas cargadas de experiencia, historias y muchos años de vida. Cientos de adultos mayores se reúnen en la iglesia de la localidad para celebrar el tradicional Reinado de Abuelos, una actividad que se realiza desde hace generaciones. Entre aplausos, sonrisas y mucha ilusión, los participantes esperan conocer quiénes serán los nuevos representantes de la comunidad. Aquí no hacen falta pasarelas ni concursos de belleza, porque para ganar solamente se necesita un poco de suerte (ver video adjunto).

La celebración tiene además un profundo significado religioso. Se realiza en conmemoración de Santa Ana y San Joaquín, reconocidos por la tradición católica como los padres de la Virgen María y, por lo tanto, los abuelos de Jesús. Con los años, la comunidad convirtió esta fecha en una oportunidad para homenajear también a sus propios abuelos. Así nació una tradición que reúne a diferentes generaciones alrededor de quienes acumulan más historias para contar.

Una corona que se gana por suerte

La elección funciona como una gran rifa entre los adultos mayores participantes. Cada uno recibe un número y posteriormente el azar determina quiénes ocuparán los puestos del particular reinado. De esta manera, cualquiera puede terminar la jornada convertido en rey, reina, primera dama o segunda dama. La dinámica provoca risas y emoción entre los asistentes mientras esperan escuchar el número ganador.

Este año, José Francisco Paniagua recibió el título de rey de los abuelos, mientras que Betania González fue nombrada reina de los abuelos. A ellos se sumaron Teresa Ramírez, elegida primera dama, y María Eugenia Castillo, como segunda dama. Los cuatro asumieron sus nuevos títulos acompañados por el cariño y los aplausos de toda la comunidad.

Más allá de las coronas, el Reinado de Abuelos se ha convertido en una excusa para encontrarse, conversar y celebrar la vida. Cada edición permite que los adultos mayores sean los verdaderos protagonistas de una actividad que Tambor ha logrado conservar generación tras generación. Por unas horas, las historias, las canas y los años se convierten en motivo de fiesta. Y en este particular reino alajuelense, la experiencia es precisamente aquello que más vale.

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