MasQN
Laura Solís, la reina de las plantas que tiene cerca de 4 mil en su casa
Todo comenzó con unas cuantas plantas que fue reuniendo hasta que, casi sin darse cuenta, terminó construyendo su propio vivero.
En Los Ángeles de Santo Domingo de Heredia existe una casa donde las vacas están por todas partes. Algunas descansan sobre los muebles, otras adornan las paredes y unas cuantas hasta aparecen en las tazas, los manteles y los almohadones. Sin embargo, ninguna necesita pasto, agua ni un establo para vivir. Todas pertenecen a Ligia Navarro, una vecina que ha reunido más de 500 vaquitas y convirtió su hogar en un verdadero corral de recuerdos y curiosidades (ver video adjunto).
Basta cruzar la puerta de su vivienda para comprender que su afición por estos animales va mucho más allá de un simple gusto. Hay vacas grandes, pequeñas, de porcelana, de diferentes colores y con diseños tan particulares que resulta difícil encontrar dos exactamente iguales. Algunas son figuras decorativas, mientras que otras forman parte de los objetos que utiliza diariamente en su hogar. Para Ligia, cada una tiene un lugar especial dentro de una colección que no ha dejado de crecer.
Todo comenzó con dos pequeñas vaquitas
Curiosamente, esta historia no comenzó con una gran figura de porcelana ni con una compra extraordinaria. Todo nació cuando Ligia recibió como regalo dos pequeños imanes con forma de vaca, a los que decidió bautizar como “Tica Linda” y “Pinto”.
Aquellos sencillos adornos despertaron una ilusión que pronto terminaría multiplicándose por toda la casa. Sin imaginarlo, esas dos vaquitas se convirtieron en las primeras integrantes de una colección de cientos de piezas.
Pero el cariño de Ligia por estos animales viene de mucho antes. Desde pequeña creció en el campo, donde las vacas formaban parte de su entorno y de los recuerdos de su infancia. Por eso, cada figura representa también una manera de mantener cerca aquella etapa de su vida. Lo que para muchos podría ser simplemente un adorno, para ella tiene un significado mucho más personal.
Su esposo también terminó convirtiéndose en uno de los principales cómplices de esta curiosa afición. Al descubrir cuánto disfrutaba Ligia de sus primeras vaquitas, comenzó a regalarle nuevas figuras de porcelana y diferentes accesorios relacionados con estos animales. Poco a poco, los regalos se acumularon y cada rincón de la vivienda comenzó a llenarse de manchas blancas, negras y de muchos otros colores. Así, entre detalles y muestras de cariño, nació una colección que hoy supera las 500 piezas.
Una casa donde las vacas nunca dejan de multiplicarse
Actualmente, recorrer la vivienda de Ligia es encontrarse con una sorpresa diferente en cada habitación. Hay figuras de porcelana que parecen pequeñas esculturas, tazas decoradas con vacas y textiles que mantienen la misma temática. La variedad de tamaños, formas y materiales hace que su colección parezca una pequeña exposición dedicada a estos animales. Y aunque todas comparten una misma inspiración, cada pieza tiene características que la hacen especial.
La cantidad de adornos es tan grande que su casa podría confundirse con una especie de museo de vaquitas. Ligia ha logrado reunir una de las colecciones más llamativas de su comunidad y asegura que su afición continúa tan viva como cuando recibió aquellos primeros imanes. Su historia demuestra cómo un pequeño regalo puede convertirse, con los años, en una pasión capaz de transformar todo un hogar.
Durante la visita de Más que noticias, conocimos algunos de los ejemplares más curiosos de su colección y descubrimos cómo esta vecina herediana consiguió llenar su casa de vacas sin tener que construir un solo corral.
Vea el video adjunto a esta nota y acompáñenos a recorrer la particular vivienda de Ligia Navarro, donde cada rincón esconde una nueva vaquita por descubrir.
Porque algunas colecciones comienzan con grandes inversiones, pero la de Ligia nació con dos pequeños imanes, el cariño de su esposo y los recuerdos de una infancia en el campo.
Y aunque sus más de 500 vacas no producen leche ni necesitan pastar, todas tienen algo en común: llenan de alegría el hogar de quien nunca dejó de quererlas.