POR Diana Vásquez | 3 de junio de 2026, 18:40 PM

Muy temprano cada mañana, cuando el sol apenas comienza a asomarse sobre El Coyol de Alajuela, don Álvaro Vargas abre las puertas de un lugar que para él significa mucho más que un vivero. Entre macetas, hojas verdes y tierra húmeda, este adulto mayor de 81 años encuentra tranquilidad en el pequeño espacio al que ha dedicado gran parte de su vida.

Su amor por las plantas nació en la infancia. Fue su padre quien le enseñó los secretos de la agricultura y le transmitió el conocimiento que hoy sigue poniendo en práctica con orgullo. Con el paso de los años, aquellas enseñanzas se convirtieron en un oficio y en una pasión que permanece viva.

En su vivero, cada planta tiene un valor especial. Don Álvaro se ha concentrado en conservar especies que ya casi no se encuentran en el país, dándoles una nueva oportunidad de crecer. Para él, cuidar plantas no es únicamente un trabajo, sino una forma de preservar parte de la naturaleza y de su propia historia familiar.

Con paciencia, recorre cada rincón del vivero observando el crecimiento de las plantas que ha sembrado durante años. Aunque asegura llevar ahora una vida más tranquila, mantiene la energía y el entusiasmo para atender a quienes llegan buscando alguna especie para sus hogares o negocios de la zona.

Con orgullo, don Álvaro muestra cada rincón de su pequeño paraíso verde, un lugar donde el tiempo parece avanzar de otra manera. Allí, rodeado de naturaleza y recuerdos, continúa trabajando con la misma pasión que heredó de su padre, demostrando que nunca se abandona aquello que se cultiva con el alma.

Para conocer más detalles de la historia de don Álvaro y recorrer de cerca su vivero, no se pierda el reportaje completo en el video que aparece en la portada de este artículo.

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