POR Juan Carlos Zumbado | 27 de abril de 2026, 17:55 PM

En San Antonio de Escazú, donde el tiempo parece avanzar más lento, hay historias que no se cuentan: se viven. La de don Francisco Arias es una de ellas. Boyero de toda la vida, su existencia gira alrededor de una tradición que en muchos lugares se desvanece, pero que en sus manos se mantiene firme, como si el pasado aún tuviera algo urgente que decir.

Don Francisco aprendió el oficio del boyeo y lo convirtió en una misión. Con la misma paciencia con la que se guía una yunta de bueyes, formó a sus hijos para que siguieran ese camino, tal como lo hacían los padres de antes. No hubo discursos ni imposiciones, solo ejemplo. Y ese ejemplo dio frutos.

Hoy, su hijo Santiago Arias es prueba viva de esa herencia. En 2026 fue el dedicado del Desfile de Boyeros de Escazú, un reconocimiento que honra su trayectoria personal y la semilla que su padre sembró años atrás. A Santiago todavía se le ve recorriendo las calles del pueblo con carretas, manteniendo una imagen que parece sacada de otra época, pero que sigue latiendo en el presente.

La resistencia de don Francisco va más allá del oficio. En su propiedad conserva intacta una casa de adobe, de esas que ya casi no existen. No la ha modificado, ni piensa hacerlo. Para él, cada pared guarda memoria y cada grieta cuenta una historia. Es su forma de proteger lo que el tiempo insiste en borrar.

Repase el reportaje completo en el video que aparece en portada.

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