POR Rubén McAdam | 11 de septiembre de 2026, 18:55 PM

A las 5 de la mañana, cuando buena parte de Isla Chira apenas comienza a despertar, Eugenia Fernández y Shirley Fernández ya tienen puestas sus botas. Encienden el motor de una lancha y se alejan de la costa rumbo a un lugar que para ellas también se convirtió en una fuente de trabajo. Mar adentro las espera una cosecha muy diferente a las que estamos acostumbrados a observar sobre tierra firme. Bajo el agua crecen las ostras que ellas mismas sembraron meses atrás (ver video adjunto).

Eugenia y Shirley encontraron en el cultivo de ostras una alternativa para generar ingresos sin tener que abandonar la isla donde viven. El conocimiento llegó gracias a una capacitación del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), mediante la cual aprendieron el proceso necesario para producirlas y recolectarlas. Lo que comenzó como una nueva habilidad terminó convirtiéndose en una actividad productiva ligada directamente con los recursos del golfo de Nicoya. Ahora, cada salida en lancha es también una jornada de trabajo.

Una cosecha que crece bajo el agua

Cultivar una ostra requiere paciencia. Desde que comienza el proceso hasta que alcanza un tamaño adecuado para su comercialización, pueden transcurrir entre seis meses y un año. Durante ese periodo, las productoras deben dar seguimiento al cultivo y esperar a que el mar haga también parte de su trabajo. No existe una cosecha inmediata: cada ostra que finalmente recogen es el resultado de meses de cuidado.

La actividad se desarrolla siguiendo prácticas de producción limpia y manejo de subproductos en el golfo de Nicoya, buscando que el aprovechamiento del recurso pueda realizarse de manera sostenible. Para Eugenia y Shirley, aprender el oficio significó también comprender los tiempos y cuidados que requiere trabajar directamente con el mar. Aquí no son ellas quienes deciden cuánto tarda en crecer una cosecha. La naturaleza marca buena parte del calendario.

Una vez listas, las ostras emprenden un viaje mucho más corto: del mar a la mesa. Pueden disfrutarse frescas en su propia concha acompañadas con limón, chile dulce y cebolla, pero también convertirse en ceviches, sopas o preparaciones gratinadas. Detrás de cada platillo existe un proceso que comenzó muchos meses antes, cuando fueron cultivadas en las aguas que rodean la isla.

El mar también abre oportunidades

Historias como las de Eugenia y Shirley muestran cómo una capacitación puede convertirse en una herramienta para crear nuevas oportunidades dentro de una comunidad. Ellas encontraron una manera de generar sustento aprovechando responsablemente un recurso que forma parte del entorno en el que han construido sus vidas. Para hacerlo, cada jornada comienza temprano, con botas puestas, una lancha encendida y el horizonte del golfo de Nicoya por delante.

Mañana, posiblemente antes de que salga completamente el sol, volverán a repetir la rutina. Irán mar adentro buscando aquellas ostras que sembraron con paciencia y que el tiempo se encargó de hacer crecer. Porque en Isla Chira también existen agricultoras cuyo terreno no tiene cercas ni caminos: su parcela comienza justo donde termina la tierra.

Quienes deseen obtener más información o contactar a las productoras, pueden comunicarse al 8567-7487.

Lea también

MasQN

Del vástago del banano a piezas artesanales que cuentan una historia

Una iniciativa nacida en Turrialba demuestra que, cuando hay creatividad y voluntad, hasta aquello que parecía un desecho puede tener una nueva vida.