POR Rubén McAdam | 7 de abril de 2026, 18:45 PM

En Belén, hay historias que no se anuncian con grandes titulares, pero que avanzan con una fuerza que termina por imponerse. La de don Gilberto Ruiz es una de ellas. A sus 80 años, y con una discapacidad adquirida en la vida adulta, decidió no quedarse en el margen. Decidió competir.

Su camino hacia el deporte no comenzó como una meta, sino como una necesidad. Tras una operación que le dejó secuelas, las bochas aparecieron como parte de su proceso de recuperación. Lo que en un inicio fue terapia, con el tiempo se transformó en disciplina, y luego en algo más profundo: una forma de reconstruirse.

Las bochas, un deporte de precisión que exige concentración, estrategia y control, se convirtieron en su espacio. Allí, cada lanzamiento implica cálculo, paciencia y una conexión con el movimiento que no depende de la fuerza, sino del enfoque.

Con el paso de los meses, la práctica dejó de ser solo un ejercicio. Se convirtió en competencia. Y en ese proceso, don Gilberto no solo participó: logró destacar. Recientemente obtuvo el tercer lugar a nivel nacional y una medalla de bronce, un resultado que, más allá del podio, habla de constancia.

Su historia no se limita al logro deportivo. Es también el reflejo de una decisión. La de no detenerse, incluso cuando el cuerpo cambia. La de encontrar un nuevo camino cuando el anterior se interrumpe.

Desde el Comité Cantonal de Deportes y Recreación de Belén, su ejemplo es visto como una referencia para la comunidad. No por la medalla, sino por lo que representa: la posibilidad de seguir, de intentar, de no ceder.

Si desea conocer más sobre su historia y ver cómo logró este resultado, puede repasar el reportaje completo en el video que aparece en la portada del artículo.

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