Por Sebastián Durango 18 de marzo de 2026, 18:45 PM

En Cañas, donde el calor se mezcla con el ritmo pausado del campo, vive un hombre que no ha aprendido a detenerse. Marcial Espinoza tiene 94 años, pero su rutina no responde a esa cifra.

Cada día, el machete vuelve a su mano como si el tiempo no hubiera pasado. La tierra, la leña, el trabajo físico siguen siendo parte de su vida cotidiana, no como una obligación, sino como una necesidad.

Para él, el descanso no es descanso. Es enfermedad.

Así lo dice sin rodeos, con la claridad de quien ha vivido suficiente para confiar en su propia experiencia. “Si no trabajo, me enfermo”.

Su historia con el trabajo comenzó hace más de ocho décadas, cuando apenas era un muchacho y ya abría camino entre el monte. Desde entonces, el esfuerzo diario se convirtió en una constante, en una forma de entender la vida y también en el ritmo que ha marcado sus días: picar leña, trabajar la tierra, mantenerse en movimiento.

No hay fórmula secreta, insiste. Solo constancia.

Quienes lo conocen hablan de su energía con una mezcla de admiración y sorpresa. No es solo lo que hace, sino cómo lo hace. Siempre con una sonrisa, con una actitud que no se rinde ante el paso del tiempo.

Su historia rompe con la idea de que la edad impone límites definitivos. A sus 94 años, sigue levantándose con un propósito claro. Seguir haciendo.

Seguir moviéndose, seguir viviendo. 

Porque hay quienes cuentan los años.

Y hay quienes los enfrentan trabajando.

Si desea conocer más sobre esta historia, puede repasar el reportaje completo en el video que aparece en la portada de este artículo.

TikTokTeleticacom