MasQN
La serenata que une a un pueblo
En Jesús María de San Mateo, Alajuela, hay un sonido que anuncia cercanía y tradición: el rasgueo de una guitarra que se abre paso por las calles.
La imagen de Emmanuel González Murillo llegando a un podio, respirando hondo después de una competencia, dice mucho más que una medalla. Detrás de ese logro hay una historia marcada por caídas profundas, decisiones difíciles y un proceso de transformación que hoy lo tiene en paz consigo mismo y al servicio de otros (ver video adjunto).
Emmanuel tiene 40 años, es vecino de San Sebastián y desde hace cinco años y siete meses está libre de consumo. Hoy practica natación, atletismo y ciclismo; es triatleta y trabaja desde hace tres años en el Centro de Rehabilitación de la Asociación Comunidad Cristiana Maná, el mismo lugar donde empezó a reconstruir su vida.
Pero ese presente estable y esperanzador no llegó fácil. Emmanuel comenzó a fumar y a tomar a los 12 años. A los 16 inició el consumo de cocaína y, entre los 19 y los 35 años, vivió una etapa de abuso y dependencia que lo llevó a perderlo todo: el trabajo como taxista, su matrimonio, la estabilidad familiar y finalmente el techo. Terminó viviendo en la calle, atrapado en un círculo del que parecía imposible salir.
Las consecuencias no tardaron en llegar. Pasó seis meses en prisión y posteriormente enfrentó una condena de cuatro años por robo agravado, que cumplió con brazalete electrónico. Fue precisamente durante ese periodo cuando llegó al Centro Maná, un espacio que se convirtió en el punto de quiebre entre su pasado y una nueva oportunidad.
“Ahí entendí que tenía que cambiar o me perdía para siempre”, recuerda Emmanuel. En medio del proceso de rehabilitación, encontró contención, fe y acompañamiento, pero también descubrió algo que sería clave en su recuperación: el deporte. Primero como terapia, luego como disciplina y finalmente como una forma de vida.
Hoy Emmanuel entrena con constancia, compite y celebra cada meta cruzada como un recordatorio de hasta dónde ha llegado.
Para él, nadar, correr y pedalear no es solo una actividad física; es una manera de mantenerse enfocado, de sanar y de agradecer la oportunidad de empezar de nuevo.
Esa experiencia personal es la que ahora comparte con otros. Desde su rol como consejero en el centro de rehabilitación, acompaña a personas que atraviesan situaciones similares a las que él vivió. Su testimonio se convierte en un mensaje poderoso para quienes creen que ya no hay salida. Emmanuel no habla desde la teoría, sino desde la vivencia.
Su historia demuestra que tocar fondo no es el final, sino a veces el inicio de un camino distinto. Un camino que exige valentía, disciplina y apoyo, pero que puede conducir a la paz interior, al servicio y a la esperanza.
Hoy, cada podio y cada entrenamiento son la prueba de que sí se puede volver a empezar. Emmanuel ya no corre huyendo de sus problemas; ahora corre hacia la vida.