POR Johnny López | 15 de enero de 2026, 18:55 PM

Hablar de devoción en Costa Rica es, muchas veces, hablar de Alajuelita. Y hablar de Alajuelita es hablar del Santo Cristo de Esquipulas, el corazón espiritual de una comunidad que cada enero se reúne para renovar su fe.

Cada 14 de enero, en la víspera de la fiesta patronal, las calles cercanas al Santuario Nacional Santo Cristo de Esquipulas se llenan de color, promesas y esperanza durante la tradicional Procesión de las Medidas, una de las manifestaciones religiosas más significativas del cantón (ver video adjunto).

Las protagonistas silenciosas de esta procesión son las medidas: cintas rojas que los fieles portan como un sacramental, símbolo de devoción, agradecimiento y pertenencia al Cristo Negro. Para muchos, representan una promesa cumplida; para otros, una petición hecha desde lo más profundo del corazón.

Durante la procesión, las medidas acompañan la imagen peregrina del Santo Cristo y luego son repartidas entre los devotos, quienes las conservan como signo visible de su fe. Son pequeños gestos que encierran grandes historias: de sanación, de protección, de esperanza renovada.

Entre quienes las portan hay testimonios que se repiten año tras año. Personas que aseguran no quitárselas nunca, que las llevan en la muñeca, en la billetera o cerca del pecho, como un recordatorio constante de que no caminan solos.

Las manos detrás de miles de promesas

A pocos metros del Santuario, lejos del bullicio de la procesión, se escribe otra historia igual de importante. Allí trabaja María Isabel Retana Agüero, conocida cariñosamente como Chavela, la mujer encargada de elaborar todas las medidas que se utilizan durante el año.

Su labor va más allá de cortar y preparar cintas. Cada medida pasa por sus manos como un acto de servicio, devoción y compromiso. Para Chavela, este trabajo es una tradición que se honra con paciencia y una promesa de fe que se renueva cada enero.

Solo durante los días de fiesta, ella prepara alrededor de 20 mil medidas. A estas se suman mil medidas con cruz y 750 con medalla, elaboradas gracias al apoyo de la Guardia de Honor del Santuario. Un esfuerzo silencioso que sostiene una de las tradiciones más queridas de Alajuelita.

La medida no es solo un recuerdo de la procesión. Es un símbolo profundo de devoción y pertenencia a Cristo. El color rojo que la distingue representa la sangre derramada por Jesucristo para la salvación del mundo, un signo de amor, sacrificio y esperanza.

Así, entre fe, tradición y servicio, Alajuelita vuelve a demostrar que sus creencias no se quedan dentro del templo. Se caminan, se comparten y se llevan puestas… como una promesa que nunca se rompe.

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