POR Rubén McAdam | 18 de agosto de 2026, 18:55 PM
En las calles de San Antonio de Belén, el aroma a pan recién horneado anuncia la llegada de un hombre que encontró en la cocina una manera de mantener cerca sus recuerdos. Su nombre es Ángel Avendaño, un guatemalteco que llegó a Costa Rica hace más de 20 años buscando construir una nueva vida. Desde hace seis años se dedica a la panadería y hoy este oficio representa el sustento de su familia. Sin embargo, detrás de cada receta también existe una historia que comenzó mucho antes y a cientos de kilómetros de distancia (ver video adjunto).
Ángel creció en Guatemala al lado de su abuela, una mujer que tuvo un papel fundamental durante su infancia. De ella conserva recuerdos, enseñanzas y, especialmente, aquellos sabores que salían de la cocina de su casa. Años después, cuando comenzó a preparar panes y recetas tradicionales, descubrió que los aromas tenían la capacidad de transportarlo nuevamente hasta aquellos días. De alguna manera, cocinar se convirtió en su forma de regresar a casa sin salir de Costa Rica.
Recetas cargadas de recuerdos
Aunque lleva apenas seis años trabajando formalmente como panadero, buena parte de la inspiración de Ángel nació durante aquella infancia guatemalteca. Cada vez que prepara una receta, encuentra algún detalle que le recuerda a su abuela, desde los ingredientes hasta el olor que queda después de hornear. Por eso, para él la panadería nunca ha sido únicamente un trabajo. También es una manera de conservar la memoria de la mujer que lo crió.
Con el tiempo, esas recetas también adquirieron un nuevo significado. Lo que antes representaba los recuerdos de su niñez ahora se convirtió en una herramienta para sacar adelante a su propia familia en Costa Rica. Cada jornada comienza con harina, hornos y mucho trabajo, pero también con la satisfacción de saber que aquello que prepara terminará en la mesa de otras familias. Ángel encontró así una manera de transformar la nostalgia en una oportunidad.
Hoy, más de dos décadas después de haber dejado Guatemala, Costa Rica también se convirtió en su hogar. En San Antonio de Belén encontró una comunidad donde puede compartir el oficio que tanto disfruta y continuar construyendo el futuro de los suyos.
Sus panes llevan ingredientes, técnica y dedicación, pero guardan además algo que ninguna receta puede medir: los recuerdos de una abuela que continúa presente en cada preparación. Y quizá por eso quienes prueban sus productos no reciben solamente pan, sino también un pequeño pedazo de la historia de Ángel.
Lea también
MasQN
Doña Rosaura y el café que une a toda una comunidad en El Tablón de Cartago
Fue en 1926 cuando las primeras familias fundadoras, entre ellas los Navarro, Martínez y Picado, comenzaron a sembrar café en estas montañas cartaginesas utilizando variedades como Caturra, Catuaí e Híbrido.