Doña Rosaura y el café que une a toda una comunidad en El Tablón de Cartago
Fue en 1926 cuando las primeras familias fundadoras, entre ellas los Navarro, Martínez y Picado, comenzaron a sembrar café en estas montañas cartaginesas utilizando variedades como Caturra, Catuaí e Híbrido.
En El Tablón de El Guarco, el café no solo representa una actividad agrícola, sino también una parte esencial de la historia de sus familias. Allí creció Rosaura Navarro, una mujer que desde niña acompañó a sus padres entre cafetales y jornadas de recolección del grano. Aquellas experiencias le enseñaron el valor del trabajo y el profundo vínculo que existe entre la comunidad y el café. Con el paso de los años, ese aprendizaje la llevó a emprender un proyecto que hoy beneficia a muchas familias de la zona (ver video adjunto).
Todo comenzó cuando doña Rosaura pensó en crear una marca de café que le permitiera generar ingresos para su hogar. Sin embargo, pronto comprendió que el proyecto podía ir mucho más allá de un emprendimiento personal. Así nació la idea de impulsar una marca colectiva de café, un sello que no solo representara su trabajo, sino también el esfuerzo de cientos de productores de El Tablón. El objetivo era que toda la comunidad pudiera crecer unida alrededor de uno de sus mayores tesoros.
Un café con cien años de historia
La iniciativa cobra todavía más significado porque en 2026 la comunidad celebrará el centenario de su tradición cafetalera. Fue en 1926 cuando las primeras familias fundadoras, entre ellas los Navarro, Martínez y Picado, comenzaron a sembrar café en estas montañas cartaginesas utilizando variedades como Caturra, Catuaí e Híbrido.
Cien años después, ese legado continúa vivo en manos de nuevas generaciones que siguen cultivando la tierra con el mismo compromiso. La marca colectiva busca precisamente honrar esa historia.
Actualmente, El Tablón es una de las principales comunidades productoras de café del cantón de El Guarco. Cada año supera las 45.000 fanegas de producción, una cantidad que equivale aproximadamente a un millón de cajuelas de café en fruta y cerca de dos millones de kilogramos de café tostado y molido. Esa producción sería suficiente para preparar alrededor de 150 millones de tazas de café, una cifra que refleja la importancia de esta actividad para la economía local.
Un sello para proteger el origen
La producción cafetalera está en manos de aproximadamente 200 familias, que dependen directamente del café como principal fuente de ingresos. A pesar de que el producto ya es ampliamente reconocido por su calidad, durante muchos años no existió una marca que identificara claramente su origen y respaldara ese prestigio ante los consumidores. Esa fue una de las principales motivaciones de doña Rosaura y de los productores que impulsaron el proyecto.
El café de El Tablón nace en suelos volcánicos ricos en minerales y se cultiva entre los 1.400 y 2.000 metros sobre el nivel del mar, condiciones ideales para obtener granos de alta calidad. Además, las áreas de siembra han crecido especialmente en las zonas altas de la comunidad, fortaleciendo su identidad como un auténtico café de origen.
La nueva marca colectiva permitirá proteger esa identidad y dar mayor valor al trabajo realizado por las familias productoras.
Mucho más que una taza de café
Para doña Rosaura, este proyecto representa mucho más que comercializar un producto. Es una forma de reconocer el esfuerzo de generaciones enteras que encontraron en el café su forma de salir adelante. También busca que las nuevas generaciones se sientan orgullosas de la historia de su comunidad y encuentren oportunidades para continuar desarrollándola.
Al final, cada taza preparada con café de El Tablón también cuenta una historia que comenzó hace cien años entre montañas, cafetales y familias que nunca dejaron de creer en el valor de su tierra.

