POR Mariana Valladares | 30 de enero de 2026, 11:45 AM
Costa Rica registra, por primera vez, la transmisión autóctona de leishmaniasis visceral en perros, una enfermedad infecciosa con implicaciones directas en la salud animal y humana.
El hallazgo fue confirmado mediante un estudio publicado en la revista científica internacional Frontiers in Veterinary Science, el cual documenta ocho casos en perros nacidos y criados en el país.
Los diagnósticos se concentraron principalmente en Santa Cruz y Tamarindo, en Guanacaste, así como en un caso en Santa Ana, en el Valle Central. El responsable es el parásito Leishmania infantum, un protozoario transmitido por un mosquito conocido como flebótomo o “mosca de la arena”.
“El parásito se aloja en órganos vitales como el bazo, hígado, riñones y médula ósea, por eso se le llama visceral. El daño puede ser severo si no se detecta a tiempo”, explicó el veterinario Víctor Montenegro, coordinador del Laboratorio de Parasitología de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional (UNA) y uno de los investigadores del estudio, a Teletica.com.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la cepa identificada en Costa Rica no corresponde a la variante americana tradicional, sino que es genéticamente más cercana a cepas presentes en España, Italia y Marruecos, lo que abre interrogantes sobre su introducción al país.
¿Cómo saber si mi perro está infectado?
La principal dificultad es que muchos perros son asintomáticos, pero aun así funcionan como reservorios del parásito, facilitando su transmisión.
Los signos pueden aparecer lentamente y de forma progresiva:
- Pérdida de peso y apetito.
- Debilidad extrema.
- Caída del pelo (especialmente en ojos y hocico).
- Lesiones en la piel que no sanan.
- Crecimiento anormal de las uñas.
- Inflamación de ganglios.
- Anemia severa.
- Problemas renales (orina excesiva, vómitos).
“Cuando ya hay signos clínicos claros, el pronóstico suele ser reservado. Sin tratamiento, el perro puede morir”, advirtió Montenegro.
El experto también señaló vacíos en la vigilancia sanitaria nacional: ausencia de protocolos rutinarios de tamizaje, acceso limitado a tratamientos, poca disponibilidad de vacunas y escaso monitoreo del mosquito transmisor.
Entre las principales medidas preventivas destacan uso de collares antipulgas con efecto repelente, evitar acumulación de materia orgánica donde proliferen mosquitos y realizar pruebas veterinarias en zonas de riesgo.
Aunque no existe alerta sanitaria para humanos, las personas investigadoras subrayan que la detección temprana es clave para evitar escenarios de mayor impacto en salud pública.
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