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Asma y bronquitis en mascotas: cómo detectar y tratar estos problemas respiratorios
El doctor Leonardo Solórzano explica los signos de alerta y cómo los tutores pueden mejorar la calidad de vida de sus mascotas.
Costa Rica registra, por primera vez, la transmisión local de leishmaniasis visceral canina, una enfermedad infecciosa con implicaciones en la salud animal y humana.
Así lo confirma un artículo publicado en la revista internacional Frontiers in Veterinary Science, que documenta ocho casos en perros nacidos y criados en el país, sin historial de viajes al extranjero.
La investigación identificó diagnósticos principalmente en Santa Cruz y Tamarindo, en Guanacaste, así como uno en el cantón de Santa Ana, lo que demuestra que el parásito circula de forma autóctona en territorio nacional. Los positivos se confirmaron mediante un enfoque multimodal que incluyó evaluación clínica, análisis histopatológico y pruebas moleculares, marcando un hito en la vigilancia epidemiológica veterinaria del país.
El estudio, titulado Aparición de infección autóctona por Leishmania infantum en perros de Costa Rica confirmada mediante diagnósticos multimodales: una serie de casos, determinó que el parásito identificado no corresponde a la cepa americana tradicional, sino que es genéticamente más cercano a variantes detectadas en Europa y el norte de África, como España, Italia y Marruecos.
Este hallazgo abre nuevas interrogantes sobre la dinámica de introducción y circulación del agente infeccioso, transmitido por flebótomos, conocidos comúnmente como moscas de la arena. El parásito se aloja en órganos internos vitales, por eso se denomina visceral. Los más afectados suelen ser: bazo, hígado, riñones y médula ósea. Con el tiempo, el daño puede ser severo si no se trata.
El estudio también expone debilidades en la vigilancia sanitaria nacional, entre ellas la ausencia de protocolos rutinarios de tamizaje en perros, el acceso limitado a tratamientos, la alta disponibilidad restringida de vacunas y la falta de monitoreo sistemático del vector transmisor.
Si bien los investigadores aclaran que no existe una alerta sanitaria para la población humana, el hallazgo en perros es relevante porque estos animales pueden actuar como reservorios del parásito, incluso sin manifestar síntomas.
Uno de los aspectos más preocupantes es que varios de los perros infectados no presentaban signos clínicos evidentes, lo que dificulta su detección temprana y favorece la transmisión silenciosa. Esta situación refuerza la necesidad de vigilancia veterinaria activa, diagnóstico oportuno en zonas donde circula el vector y la implementación de medidas preventivas para reducir el riesgo en animales y personas.
Las personas investigadoras subrayan que la detección temprana y el conocimiento científico son herramientas clave para anticiparse a riesgos emergentes y proteger de forma integral la salud pública, animal y ambiental.
Tome nota, porque los signos pueden aparecer de forma lenta y progresiva:
La investigación fue realizada en conjunto por clínicas veterinarias privadas e instituciones nacionales e internacionales.