Internacional
Ola de calor: contrarreloj contra los incendios en Francia y España
La nueva ola de calor prevista para los próximos días podría complicar el control de los incendios en Francia y España.
Los incendios forestales casi siempre necesitan una chispa para iniciarse, ya sea un rayo, un incendio provocado o el tubo de escape caliente de un coche que entra en contacto con la vegetación seca.
En los históricos incendios forestales de este verano en Francia, las autoridades atribuyeron la causa a una máquina desbrozadora que se estaba utilizando cerca de una línea eléctrica de alta tensión. Los investigadores españoles concluyeron que las chispas procedentes de la maquinaria pesada fueron las responsables de los grandes incendios que se produjeron allí.
Sin embargo, los científicos afirman que esas conclusiones solo explican cómo se iniciaron los históricos incendios forestales de Europa, pero no por qué se convirtieron en los megaincendios que han devastado el continente este verano.
En todo el Viejo Continente, lo que está avivando los incendios es una combinación entre el cambio climático provocado por el ser humano, una planificación insuficiente, y bosques plantados de tal forma que permiten que las llamas se propaguen rápidamente, según los expertos.
"No es que los incendios forestales sean mágicos y simplemente se inicien. Tienen que darse las condiciones climáticas adecuadas", afirmó Silvia Abruscato, coordinadora de FoRISK, un centro paneuropeo de gestión de riesgos forestales, en entrevista con DW.
Los científicos señalan tres factores que determinan si un incendio forestal se propagará rápidamente: la cantidad de vegetación disponible para arder, el grado de sequedad de dicha vegetación y las condiciones meteorológicas en torno al incendio.
"Cuando estas tres condiciones son muy propicias para el fuego y se dan al mismo tiempo, se produce este tipo de incendio", explicó Francesca Di Giuseppe, coordinadora del proyecto de predicción de incendios del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Mediano Plazo.
El cambio climático está haciendo que estas condiciones sean más frecuentes e intensas. Un análisis rápido de World Weather Attribution reveló que el calentamiento global aumentó considerablemente la probabilidad de que se produjeran los fenómenos meteorológicos extremos que provocaron los incendios forestales del verano en España y Francia.
Una de las razones es un fenómeno denominado "latigazo hidroclimático", en el que los ecosistemas oscilan repentinamente entre condiciones húmedas y secas.
Básicamente, a medida que el planeta se calienta, la atmósfera retiene más humedad, lo que intensifica las precipitaciones que alimentan el crecimiento de las plantas.
"Esto ha generado una abundancia de biomasa que, a su vez, se ha secado rápidamente durante una sucesión de olas de calor", explicó Di Giuseppe.
En primavera, una atmósfera más cálida extrae el agua del suelo y de las plantas. La sequía se agrava, la vegetación se seca y los paisajes se vuelven mucho más propensos a incendiarse. En términos sencillos, los inviernos húmedos hacen crecer el combustible, y las primaveras secas convierten ese combustible en leña perfecta.
Este verano, esto ha supuesto que se hayan declarado incendios casi simultáneamente en Francia, España, Grecia y Turquía, todos ellos impulsados por el mismo patrón general de calor y sequía.
Para empeorar las cosas, los propios incendios agravan el problema. Según cifras de la UE, los incendios de este año ya han emitido casi 18 millones de toneladas de CO2, un gas que contribuye al calentamiento global.
Los bomberos siempre desempeñarán un papel crucial en la extinción de los incendios forestales. Sin embargo, los expertos afirman que reducir el riesgo antes de que se produzcan los incendios es igual de importante. Para ello, hay que empezar por abordar las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático e intensifican los fenómenos meteorológicos extremos.
"Intentar evitar, desde el principio, que el paisaje se vuelva tan inflamable es una de las formas más eficaces de tratar de evitar este tipo de comportamiento extremo del fuego", dijo Di Giuseppe.
Sustituir los monocultivos por bosques mixtos también sería de gran ayuda. Los bosques con una mayor variedad de especies suelen ser más capaces de resistir la sequía, las tormentas de viento, las plagas de insectos y los incendios, ya que los distintos árboles responden de manera diferente a las presiones ambientales.
Alemania ofrece un caso instructivo en materia de gestión forestal. La demanda de madera tras la Segunda Guerra Mundial llevó a la plantación de abetos en cordilleras como el Harz, en la antigua Alemania Oriental. Sin embargo, estos monocultivos resultaron vulnerables a la sequía y a la infestación de escarabajos de la corteza. Los silvicultores trabajan ahora para convertirlos en bosques mixtos con el fin de mejorar su resiliencia.
Los árboles de hoja ancha y caducifolios -como el roble, el haya o el arce- también pueden ayudar, ya que suelen almacenar más humedad que las coníferas. Los árboles con corteza gruesa, menos ramas bajas y un mayor contenido de humedad tienden a ser más resistentes al fuego.
Un estudio de simulación posterior a los incendios de 2017 en Portugal reveló que los incendios que desbordaron a los bomberos en las masas forestales de pino y eucalipto -con llamas de más de cuatro metros de altura- podían contenerse en bosques de frondosas, donde la altura de las llamas descendía a menos de un metro y medio.
Los expertos forestales recomiendan, asimismo, crear espacios entre las hileras de árboles para frenar la propagación del fuego y podar las ramas más bajas para que las llamas no puedan saltar rápidamente al dosel. También puede ser de ayuda limpiar el suelo del bosque de hojarasca inflamable y madera muerta, así como recurrir a quemas controladas para reducir la maleza antes de la temporada de incendios forestales.
"Debemos gestionar bien nuestros bosques para evitar que se produzcan desastres de tal magnitud. Por lo tanto: prevención, prevención, y más prevención", advirtió Abruscato.