POR Deutsche Welle | 22 de junio de 2026, 11:13 AM
Los drones ucranianos parecen estar mejorando su capacidad para eludir las defensas aéreas rusas y atacar infraestructura crítica.
Luego de que drones ucranianos atacaran varios lugares de Moscú el 18 de junio de 2026, se ha desatado un debate sobre las brechas en la red de defensa de Rusia.
Una importante refinería de petróleo en Moscú, que suministra el 40 por ciento del combustible de la región, se incendió y la producción pareció detenerse durante varios días tras el ataque. También hubo evacuaciones en el aeropuerto más grande de Rusia. Testigos presenciales inundaron las redes sociales con imágenes de lo que parecían ser intentos fallidos de interceptación de los drones por parte de la defensa aérea.
"Esa impresión surge entre los no especialistas, que ven un misil pasar junto a un dron sin alcanzarlo", explica a DW Ruslan Leviev, disidente ruso, analista militar y fundador del grupo de investigación Conflict Intelligence Team.
Por su parte, el periodista ruso exiliado Iván Filippov sigue de cerca a los blogueros pro-Kremlin. Se ha dado cuenta de que cunde entre ellos la preocupación por el hecho de que Ucrania haya encontrado una brecha en las defensas rusas. "Ellos no quieren que la guerra termine, sino que sea más efectiva", comenta Filippov a DW, explicando que circula una idea sobre una posible reforma radical del Ministerio de Defensa y del complejo militar-industrial ruso. "Pero creo que entienden perfectamente que esas reformas son imposibles. Por eso, sus publicaciones tienden a ser pesimistas".
Anatoli Jrapchinski, experto ucraniano en aviación y exoficial de la Fuerza Aérea, atribuye la brecha en la defensa aérea de Moscú el pasado 18 de junio a una combinación de dos factores: la degradación de la arquitectura de defensa de Rusia y la evolución tecnológica de las capacidades de ataque de Ucrania.
Pero el disidente ruso Leviev no está tan seguro. Su equipo no ha registrado un debilitamiento de las defensas rusas, ya que estas han logrado derribar más del 90 por ciento de los UAV sobre Moscú. Eso sí, los pocos que lograron burlar las defensas aéreas rusas causaron daños sustanciales. Leviev cree que el problema central es la cantidad. A medida que aumenta la escala de los ataques, el reto es el mismo tanto para Rusia como para Ucrania: los ataques masivos con drones exigen más equipo del que cualquier industria puede suministrar.
Las debilidades de Rusia
Los sistemas rusos, incluido el Pantsir-S1, han sido diseñados para contrarrestar ataques clásicos a gran escala, como los misiles de crucero, explica Anatoli Jrapchinski a DW. Fueron calibrados para detectar objetivos metálicos altamente reflectantes al radar, pero los drones modernos suelen estar fabricados con materiales compuestos, como plástico o madera contrachapada. Esto significa que esos sistemas son básicamente "ciegos" ante los drones pequeños.
A esto se suma que el enorme tamaño del territorio ruso es un desafío en sí mismo. Construir un "muro aéreo" infinito o una única "cúpula" es imposible, señala Leviev. Además, Moscú es un blanco aún más fácil para los drones debido a su alta densidad urbana. Cuanto más densa es la urbanización —especialmente los rascacielos—, más fácil es para los drones esconderse de los radares detrás de los edificios, comenta Leviev.
Ucrania está aprovechando esto. Anatoli Jrapchinski señala que los drones de largo alcance de Kiev han mejorado significativamente su capacidad para trazar rutas de vuelo complejas y evitar posibles zonas de interceptación. Al mismo tiempo, Rusia también ha reasignado algunos de sus sistemas de defensa aérea, enviándolos a las zonas de Ucrania ocupadas por Rusia.
Los expertos afirman que los mejores sistemas de defensa aérea son los que cuentan con múltiples capas, con distintos interceptores capaces de actuar a diversas altitudes y de atacar a diferentes tipos de agresores que se desplazan a distintas velocidades, incluidos misiles y drones. El redespliegue de Rusia ha provocado la desintegración de un sistema de defensa aérea que antes era en capas y que ahora es más bien un mosaico, subraya Anatoli Jrapchinski.
Por su parte, el medio de comunicación estadounidense CBS ha citado fuentes ucranianas que afirman que Rusia podría estar quedándose sin sistemas S-300, una serie de sistemas de misiles tierra-aire de largo alcance diseñados para combatir ataques aéreos. Se cree que las sanciones contra Rusia han dificultado la obtención de componentes de repuesto. Anatoli Jrapchinski relaciona la escasez con el hecho de que Rusia esté reasignando sus S-300 para llevar a cabo ataques tierra-tierra contra Ucrania.
"Rusia ha caído en la trampa de la misma ‘matemática de la guerra' que alguna vez intentó imponer", concluye Anatoli Jrapchinski. Es decir, al intentar sobrecargar las defensas aéreas ucranianas con ataques de S-300, Rusia ha agotado sus propias reservas de misiles interceptores.
El Kremlin intenta controlar los daños
Tras el ataque del 18 de junio contra Moscú, los funcionarios rusos parecían estar más desconcertados por lo bien documentado que estaba la agresión que por el ataque en sí. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, afirmó que la defensa aérea rusa había actuado adecuadamente.
La estrategia del Kremlin es restarle importancia al episodio. Como señala Leviev, desde el punto de vista militar, los ataques con drones del 18 de junio cambiaron muy poco. Él considera que este tipo de golpes funcionan más bien como una forma de desestabilizar a la opinión pública, especialmente en vísperas de las elecciones a la cámara baja del Parlamento ruso, la Duma Estatal, que se celebran en septiembre de 2026.
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