POR Daniel Carmona | 11 de septiembre de 2023, 0:00 AM
De acuerdo a la encuesta “Por un Deporte Seguro”, del Comité Olímpico Nacional (CON) y aplicada a 375 atletas adultos de 35 federaciones deportivas del país, 86 indicaron haber sido víctimas de al menos una manifestación de violencia sexual en su contexto deportivo.
Esta adaptación de la encuesta de cultura y clima de atletas 2020 del Centro SafeSport de Estados Unidos, también reveló a inicios de 2023 que un 15,32% de los casos, este tipo de violencia, vino por parte del personal administrativo de la federación.
En entrevista con Teletica.com, Monica Malavassi, exfutbolista costarricense y ahora Directora Deportiva del Club Sport Herediano, indicó que las tres claves para cambiar esta “cultura normalizada” en el deporte, son dar voz y escuchar a las víctimas, la educación a los deportistas y la incorporación de especialistas en el deporte que puedan atender estos temas.
¿Cómo se enfrentó a los primeros retos, a nivel social, como la única mujer en un equipo de fútbol?
A nivel familiar, siempre tuve un apoyo enorme por ser de una familia muy futbolera. De niña no le prestaba mucha atención a lo que decía la gente, realmente no entendía por qué decían que el fútbol no era para mujeres, o me veían raro porque iba a comprar tacos, incluso mi papá me contaba que a los demás chicos les reclamaban porque una mujer se los bailó o les metió un gol; hasta los mismos papás de los otros equipos me gritaban que mejor jugara casita o con muñecas porque el fútbol era de hombres, comentarios totalmente fuera de lugar.
¿Cuál fue su reacción a comportamientos inadecuados dentro del camerino?
El primer contacto grande, digamos ya a otro nivel de ambiente, fue cuando llegué a la Selección Nacional. Yo tenía 15 años y ya estaba en el camerino con muchachas de 20 y más años, recuerdo que comenzando con la sele, una compañera me dio un pellizco en la nalga y yo me enojé muchísimo, reaccioné muy fuerte y ahí marqué la cancha de mi parte. Y en algún otro momento había entrenadores y compañeras que me decían: “mejor venga y se cambia aquí afuera”, o “Mónica vaya cámbiese allá mejor”.
Creo que el apoyo de mis papás y que me cuidaran tanto, en todo momento, marcó también la cancha, no solo para darme confianza y hacerme sentir protegida, sino para entrenadores y jugadoras, de que a pesar de mi corta edad estaba muy bien cuidada.
¿Hubo casos de compañeras o jugadoras que abandonaron sus aspiraciones, a pesar de ser promesas y tener talento, por este tipo de comportamiento, por miedo o vergüenza?
Esto pasa muchísimo en el deporte, es doloroso decirlo porque incluso se ha llegado a normalizar este tipo de comportamientos, desde que tengo memoria en distintas selecciones y equipos.
Se sabía por ejemplo que un entrenador casado tenía una relación con una jugadora, eran secretos a voces que todas sabíamos. Y no es un caso aislado, pero muchas veces se daba con una enorme diferencia de edad, incluso siendo menores de 18 años y lastimosamente se tiende a normalizar este comportamiento.
Muchas veces comienza como broma dentro del camerino, entre jugadoras, pero cuando se cruza la línea del respeto no es algo ya normal, no debe ser aceptado porque, aunque la gente se ría, no quiere decir que está bien.
Lastimosamente, se da muchísimo, porque la jugadora no quiere que la dejen en la banca, porque quiere ser parte del grupo, ser aceptada.
¿Cuánto pesa para una deportista este tipo de comportamientos cuando vienen por parte de una figura de poder?
Mucho, cuando se es una persona apasionada por algo y la vida misma empieza a girar en torno al deporte, el equipo se vuelve una familia, se pasa tiempo más tiempo entrenando que con la misma familia.
Se genera una relación muy fuerte con el entrenador, con las compañeras y como hay una jerarquía, dentro de esa misma relación, ya uno ve que lo su experiencia y los conocimientos de las personas me pueden llevar a hacer realidad mis metas y por eso llega un punto donde se puede romper la línea de respeto.
Yo tengo una muy buena amiga que ya esta grande, que juega en primera división, que en la final de este campeonato de primera división, hubo un partido que ella no pudo jugar porque tiene una demanda en contra del entrenador rival por un tema de cuando ella estaba en el colegio y esto, a pesar del tiempo, todavía le afecta.
Son situaciones serias que se han llegado a normalizar.
¿Por qué considera que muchos de estos casos no se llegan a conocer o terminan en una situación a favor de la personas afectada?
Muchas veces hay denuncias y no toman fuerza por diferentes motivos, creo que el mejor caso lo dieron las gimnastas en Estados Unidos. Al principio había una denunciada aislada por aquí y otra por allá. Pero hasta que no se unieron varias voces para hacer una denuncia fuerte, se pudo comprobar que era un mal generalizado en el sistema deportivo de ese país. Se les tomó en serio hasta que muchas personas hablaron y se volvió un movimiento.
En el caso de España, fueron las campeonas del mundo las que ahora hicieron la denuncia. Hace un año pasó algo similar con 15 jugadoras y no pasó nada, pero ahora la plataforma de ser campeonas es más fuerte y por eso es que se está hablando, de lo contrario no pasaría más.
¿Falta más participación de exfutbolistas mujeres en organizaciones deportivas para que este tipo de actividades “normalizadas” cesen y empiece a cambiar esta cultura?
Yo creo que lo primero y la clave es dar voz y escuchar, o sea que no simplemente se quede en que alguien haga una denuncia y quede ahí en el papel. Hay que darle seguimiento a la denuncia y tomarlas en serio.
Además, educar a los deportistas y a las mismas deportistas en el respeto, en dar y exigir que se respete a nivel integral al deportista, en que no se pueden normalizar estas cosas, sea broma o no.
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