POR Mariana Valladares | 27 de septiembre de 2026, 8:00 AM

María Fernanda León creció entre escenarios, cámaras y música. La hija del cantante Erick León, pasó parte de su infancia en México, donde estudió en el Centro de Educación Artística de Televisa (CEA) y desde entonces el arte se convirtió en una parte fundamental de su vida. 

Con los años, también se formó como relacionista pública y educadora de preescolar, hasta encontrar en la televisión otro de sus grandes caminos.

Hoy, como una de las presentadoras de De boca en boca, León vive expuesta constantemente a las miradas y comentarios del público. Pero detrás de la sonrisa que los televidentes ven en pantalla hay una historia que pocas veces ha contado con tanta profundidad: su experiencia con la ansiedad y la depresión.

En entrevista con Teletica.com, María Fernanda habló sobre los momentos más difíciles que ha enfrentado, los ataques de ansiedad, el tratamiento que ha seguido, la importancia de su familia y de su red de apoyo, la muerte de su perrita Lulu y las herramientas que ha aprendido a construir para atravesar los días difíciles.

También habló sobre la relación con su cuerpo, los comentarios que recibe en redes sociales y cómo el ejercicio se convirtió en una pieza importante de su proceso. Más que contar una historia de sufrimiento, León quiso compartir lo que ha aprendido en el camino y transmitir un mensaje: pedir ayuda, buscar acompañamiento profesional y construir herramientas puede hacer una diferencia cuando la salud mental se resiente.

Repase la entrevista completa:

—María Fernanda, para quienes la conocen principalmente por la televisión, ¿quién es la persona que hay detrás de esa figura pública?

Soy María Fernanda León, tengo 34 años, nací en el Hospital Calderón Guardia, en San José. Toda la vida fui de Guadalupe y hace aproximadamente 7 años mis papás se pasaron a vivir a Curidabat. Estuve con ellos un rato y ahora tengo 5 años viviendo solita.

Soy desde niña superhistriónica; toda la vida me encantó el arte. Dice mi papá que desde que estaba en la panza, porque mi papá me ponía discos de Silvio Rodríguez y yo me movía por todo lado. Y bueno, obviamente escuché la música desde el primer mes de vida, así literalmente. Cuando tenía 7 años, me fui a vivir a México con mi familia. 

Nos fuimos a vivir 4 años porque mi papá era agregado cultural de la Embajada de Costa Rica en México, entonces fue como una experiencia muy bonita porque, aparte de conocer una nueva cultura y conocer nueva gente, vivir en un nuevo país era difícil, pero fue muy lindo porque lo compartimos todos en familia; nació mi hermana menor allá.

Tuve la oportunidad de estudiar en el CEA en Televisa; esa fue la primera vez que tuve un acercamiento con el mundo artístico; estuve los 4 años. Estuve a punto de empezar novelas, pero nos vinimos para Costa Rica. 

Aquí ya cuando llegué, mi papá me grabó canciones infantiles, grabamos y produjimos un par de canciones, tres canciones infantiles; entonces yo cantaba a todo lado, en la cadena mayor, en Teletón, miniteletones, etc. Siempre con mi papá de la mano. 

Estudié Relaciones Públicas, fue mi primera carrera, y luego, cuando iba a sacar la licenciatura, dije: "No, yo tengo un sueño de toda la vida y tengo que cumplirlo", y así fue. Estudié preescolar bilingüe. Empezando preescolar bilingüe, me contrataron en un kinder y fui teacher de preescolar 5 años. Entonces fue muy lindo porque ejercí una carrera que me encantó.

Toda la vida canté con mi papá, desde que tengo 15 años. Ya vamos a cumplir 20 años de trabajar juntos, de una experiencia lindísima que ha tenido sus ápices y que ha tenido como sus aristas, porque sí, nos hemos llevado muy bien, pero también hay momentos donde el jefe tiene que ser jefe y ha sido curiosa esa indagación de cómo es esa relación personal/profesional también con mi papá. 

En el 2016 me llaman para Tu cara me suena y fue el primer formato que hice en televisión grande, y fue superlindo, la verdad, me enamoré de la televisión. 

Fue difícil porque estaba estudiando, estaba dando clases; además, estaban los ensayos, y Tu cara me suena es un poco más complicado porque son caracterizaciones, entonces hay que hacer invitaciones de otros artistas. 

Fue difícil, pero me enamoré, y al año siguiente renuncié al kinder porque ya yo tenía que escoger si la música, o el arte, o la educación. Aunque la educación siempre va a formar parte de mi vida, yo creo que esa es una espinita que siempre voy a tener ahí, que en algún momento la voy a sacar. 

Empecé a moverme en redes sociales, muy poco, y de repente me llamaron VM Latino; esa fue mi primera experiencia, y luego estuve en Multimedios 4 años, y ahora voy a cumplir 3 años en Teletica.

—Para usted, ¿qué representa la televisión?

Ha sido muy lindo porque, a pesar de que la gente piensa que uno está en televisión por la fama o por reconocimiento, yo siempre lo he pensado así: creo que mi misión es hacer sonreír a la gente. Con una sonrisa, o con una persona que se sienta un poco mejor con algo que yo dije, una gracia, porque esa ha sido mi personalidad de toda la vida. 

Me encanta poder ser yo ahora la que acompaña también, sobre todo a nuestro público, que es un público muy específico, es un público demasiado lindo: son adultos mayores, son niños, y esa parte es muy linda.

—¿Cómo ha sido mantener esa sonrisa y positivismo frente a cámara enfrentando ansiedad y depresión? 

Para mí, la televisión ha sido una escuela de resiliencia. Desde pequeña vi a mi papá, aun atravesando momentos difíciles, salir a trabajar para alegrar a la gente. Aprendí a separar los problemas y, cuando estoy frente a una cámara, enfocarme completamente en lo que estoy haciendo.

Cuando me diagnosticaron ansiedad y depresión, al principio fue muy difícil entenderlo. Me acuerdo que decía: “Es que yo no estoy loca, ¿por qué a mí me van a mandar un antidepresivo si yo no estoy loca? Yo no siento que estoy depresiva”.

Tenía dos años de no ser Fernanda, de ser una Fernanda que en la cámara o en ese momento estaba solo trabajando con mi papá, y en el kínder yo era una persona completamente diferente. Al llegar a la casa, estaba completamente rota, porque tenía un desbalance químico que no entendía en mi cerebro.

La búsqueda fue larga. Probé diferentes profesionales y tratamientos hasta encontrar lo que funcionaba para mí. También tuve que aprender a reconocer los ataques de ansiedad y de pánico, que pueden ser muy fuertes físicamente.

Hace aproximadamente dos años siento que manejo la ansiedad con mucho más control.

Decidí hacer las paces con eso y nunca más volví a pelearme con ella. Siempre digo eso: siento que la ansiedad y yo somos uno solo y tengo que convivir con ella todos los días, así que nos llevamos bastante bien a la fecha.

—¿Cuál fue el detonante de esa situación? ¿Hubo algo a nivel personal, a nivel familiar, que hiciera que usted ya tuviera este diagnóstico de depresión?

Sí, la muerte de mi abuelita cuando tenía 19 años. Yo estaba muy joven, ella murió en tres meses, ella estaba muy joven, era la mamá de mi mamá y puedo decir que es una de las pérdidas más difíciles que he tenido en mi vida porque ella era como mi segunda mamá.

Yo me crié con mi mamá y mis papás, obviamente, pero mi abuelita era la que me cuidaba. Ella y yo éramos mejores amigas. Yo era la nieta mayor, entonces realmente perderla para mí fue salir de una burbuja que mis papás me habían construido, de una vida sin golpes, a llevarme el primer gran golpe de mi vida, que fue la muerte de mi abuelita.

A la fecha no me acuerdo ni de la vela, ni del funeral, ni de cuándo estuvimos en el hospital y nos avisaron. Mis amigas solo llegaron a recogerme y, a la fecha, me acuerdo que fueron seis meses después que la lloré y dije: “Necesito ayuda”, porque en seis meses yo no sentía nada. No sentía dolor, no sentía tristeza, no sentía extrañarla. Seis meses después no me pude levantar de la cama de la tristeza.

—En ese momento, ¿usted toma antidepresivos, recibe algún tipo de tratamiento? 

Por mucho tiempo jugué a ser muy fuerte sola, pero aprendí que el acompañamiento y el apoyo familiar son fundamentales. Mi papá tiene el mismo trastorno y mi familia siempre ha estado ahí para mí.

En algún momento me recetaron antidepresivos, los dejé y hace aproximadamente nueve o diez años retomé el tratamiento. Desde entonces he tenido cambios de medicamentos y de profesionales para encontrar lo que mejor funciona para mí. Actualmente, sigo con psicólogo, psiquiatra y medicamentos.

Lo más importante es buscar ayuda profesional y dejar de ser tan testarudos con la salud mental. Es tan importante como revisarse el azúcar, los triglicéridos o el colesterol. Si en algún momento necesito ayuda extra, sé que debo buscarla y rodearme de profesionales.

Ahorita estoy muy bien, gracias a Dios. He tenido algunas caídas y meses difíciles, pero ya no vivo aquella tristeza profunda que alguna vez pensé que me acompañaría toda la vida. Eso se acaba. Cuando estén bien, busquen ayuda, porque ahí es cuando uno puede construir esa “cajita de herramientas” para enfrentar los momentos más oscuros.

—Cuando habla de esos momentos más oscuros de la depresión, ¿alguna vez llegó a pensar que no quería estar más en este mundo o incluso en quitarse la vida?

Te lo voy a decir muy abiertamente y lo voy a decir aquí abiertamente: es la primera vez probablemente que lo diga. Cuando uno está en un estado de depresión muy oscuro, sí piensa en no querer estar más en este mundo, pero yo pensaba en el daño que le iba a hacer a las personas que me quieren y a mi familia y decía: “No, yo tengo que mantenerme fuerte por ellos, por mí, por mi abuelita que me está viendo desde el cielo, porque Dios quiere que yo haga algo con esto, Él tiene un propósito”.

Siempre me he agarrado muchísimo de la mano de Dios y, aunque he estado muy triste, muy triste, he alcanzado momentos de soledad, tristeza, de lo que yo llamo “desolación”. Aunque esté acompañada de mucha gente, me he sentido muy sola y esto es producto del mismo trastorno y de la misma depresión.

Sin duda alguna, siempre en mi cabecita está esa luz, como de esperanza, y de decir: “Bueno, primero Dios está conmigo y, segundo, en casa hay mucha gente que me espera”.

—¿Ese tipo de pensamientos de no querer seguir viviendo fueron algo que vivió únicamente a los 19 años o han aparecido en diferentes momentos de su vida?

Han sido varias etapas. Normalmente, a mí todo se me daba mucho. Yo soy una persona altamente sensible, además, y eso me hace, para bien o para mal, ser muy empática con el mundo. Yo empatizaba muchísimo con situaciones que pasaran alternas a mí o que fueran externas, más bien, y sufría muchísimo por situaciones que no eran mías.

Luego aprendí a manejarlas un poco mejor y creo que cada situación de la vida era como: “Ok, vamos a ver cómo reacciona mi cuerpo”. A veces reaccionaba bien ante, no sé, una pelea, terminar con un novio, un fracaso laboral, que también he tenido muchas puertas cerradas, una tristeza, tal vez de los duelos que las personas mayores de 30 años, mujeres, tal vez estamos viviendo ahora.

¿Qué pasa si no cumplí con el plazo que había que cumplir hasta ahora? ¿Qué pasa que no soy mamá? ¿Qué pasa que no estoy casada? ¿Qué pasa que no he encontrado a la persona de mi vida?

Esas pequeñas cosas hacen que uno, a través del tiempo, sí tenga etapas de lo que yo le llamo los huecos. Esos son como huecos de depresión.

Básicamente, lo que yo pienso de eso es que sí han sido en varias ocasiones, pero no en varias ocasiones he pensado en quitarme la vida. Al contrario, creo que siempre ha sido como: “Necesito estar bien para que también mis personas estén bien y yo estar bien. Yo sé que tengo mucho para dar”.

Tal vez eso fue bastante joven, un poco más inmadura, que sí sentía como que no quería. Ahí es donde uno agarra como pleito con uno mismo, porque al final es un pleito con uno mismo.

María Fernanda junto a su papá y hermana.

— ¿Cuál ha sido el papel de Dios en todo este proceso? 

Dios tiene el papel más importante de todos, porque es el que me dio la vida y Él es el que tiene el control sobre ella. Sé que cada cosa que Él hace en mi vida tiene un propósito. 

He recibido muchos comentarios que en su momento me dolían mucho. Ya los entiendo un poco porque tal vez la gente no tiene tanto conocimiento sobre este tema. Por eso es importantísimo y te agradezco el espacio.

Me he equivocado como muchas otras personas y sé que tal vez uno se castiga mucho, pero lo más importante, por lo menos para una persona que ha sido espiritual toda su vida, desde la educación en casa, así como yo solita, siempre he sabido que Dios primero siempre va a estar ahí.

Pero recibí muchos comentarios que decían: “Si ella se convirtiera en Cristo, si ella buscara a Dios, estaría bien, porque Dios todo lo sana”. Es cierto, es real, yo me he sanado, yo soy sana, soy una persona sana, pero en los momentos de oscuridad, Dios ha estado ahí más que nunca.

Lo importante es tener mucha fe, porque la fe se quebranta cuando nosotros más débiles estamos y, en los momentos de más tristeza, es donde yo más débil he estado. Aun así, yo en cada uno de los días es cuando más Dios me ha probado y he logrado aprender más de mí y de esta condición.

Por otro lado, hay mucha gente que me comentaba y me decía: “Busque una pala, busque una escoba, póngase a trabajar de verdad. Si estuviera limpiando platos, esto no le pasaría”. La cantidad de veces que a veces yo estaba en mi casa, deprimida, sin que nadie lo supiera, sacaban una nota de mí y todo el mundo empezaba a decir este montón de cosas cuando yo lo intento hacer para ayudar a otras personas.

Ya hice un escudo porque estoy dispuesta a ayudarle a muchas otras personas más y, si eso es lo que tengo que resistir, pues ni modo, no pasa nada. 

Me dolía muchísimo porque yo decía: “Aquí estoy lavando toda mi ropa, estoy doblando mi ropa. Si la gente supiera que yo tengo que salir a trabajar en dos horas y estoy rota por dentro, me siento despedazada por dentro, siento que yo no soy capaz ni siquiera de mover un brazo”.

Si esa gente supiera la lucha que yo estoy pasando y la que muchas personas cercanas deben estar pasando, en vez de estar platicando, me podrían estar ayudando o apoyando con solo escucharlas. El mundo sería muy diferente, pero eso también es como demasiado osado pedir que así sea en una sociedad que apenas se está acostumbrando a que la salud mental es muy importante.

—Cuando una persona atraviesa una depresión, muchas veces quienes están a su alrededor no se dan cuenta porque puede mostrarse ante los demás como una persona feliz, activa y aparentemente bien. ¿A usted le ha pasado que, aun sintiéndose muy triste o mal por dentro, frente a los demás se muestra como si todo estuviera perfecto?

Me ha pasado. Sí he sido esa persona y es muy curioso que lo mencione, porque mucha gente que habla de este tema habla de eso.

Yo siempre digo que soy genuina y es la realidad. Siempre voy a ser genuina, voy a ser auténtica. Se van a encontrar con la versión, por lo menos la que yo espero sea la más bonita de mí. Cuando esa versión no está, prefiero ser reservada. Por eso es que soy muy reservada como unidad personal.

No es algo que haya hecho por escogencia o porque trabajo en un programa de chismes, pero no cuento los míos. Primero, no siento que haya mucho que ver, pero además he tenido una historia de vida donde Dios me ha hecho ser fuerte.

Tuve tres historias de suicidio muy cercanas: la hermana de mi papá, mi tía, se suicidó muy joven. La conocí, pero era muy niña; yo era muy bebé, y dos personas más muy cercanas a mí también tomaron esta decisión.

Cuando esto pasó, me acuerdo que quedé completamente paralizada, porque además eran familia. Yo decía: 'Yo no me puedo imaginar este dolor, ¿por qué? ¿Por qué quería hacerle este daño a mi familia?'.

Pero también está el otro lado, que es la misma mente, porque sé de muchas personas que se han quitado la vida y yo digo: 'Qué triste alcanzar ese punto', porque es realmente una desconexión total con lo que somos, con lo que Dios nos dio.

Creo que eso es lo más importante: cuando uno está bien, tiene que verse; cuando uno está mal, tiene que verse, pero cuando uno está bien, realmente bien, es cuando más hay que ir a verse, porque uno se llena de herramientas.

Son las herramientas las que nos ayudan a salir de momentos tristes. Te lo cuento así porque yo hace cuatro meses estaba muy triste por una situación personal y me recuperé mucho más rápido porque tenía las herramientas y porque me recosté sobre personas.

Siempre fui una persona que trataba de ser muy independiente con este tema. Hay que buscar ayuda, que no nos dé pena. Que no les dé pena escribirme, no les dé pena escribirle a personas y decir: “Me siento muy triste y no sé por qué”.

Me acuerdo que pasé dos años de mi vida llorando, en soledad y en tristeza. Manejaba triste y lloraba. Yo no sabía qué era lo que me estaba pasando. Solamente sabía que estaba triste.

Decía: “Mi familia está bien, mi pareja lo máximo”. En ese momento estaba estrenando una mascotita, yo estaba toda feliz y todo estaba bien, pero mi sistema químico me decía: “No, es que estás triste”. Entonces yo lloraba y tenía mucha tristeza.

Conforme fue pasando el tiempo, he recibido no solamente testimonios de gente que ha salido adelante, sino ayuda profesional increíble y, sobre todo, todos los días trato de hacer algo mejor para mi salud mental.

María Fernanda bebé junto a sus papás.​

—¿En algún momento ha buscado refugio en alguna adicción o en una relación no tan sana?

Al contrario, pocas veces he compartido esto con mis parejas. Yo siempre fui: “Yo tengo esto, pero no lo vamos a conversar”, porque no me gustaría que en algún momento de rabia o de enojo tal vez se pueda utilizar en mi contra.

Es un tema sensible, es un tema para mucha gente muy privado. Que yo haya decidido abrir mi corazón con esto es porque yo sé lo que se siente en soledad.

Nunca fui una persona a buscar adicciones porque, como trabajo en el mundo nocturno desde hace 19, casi 20 años, con mi papá, acompañado con él, yo he visto de todo. He visto el alcohol, he visto las drogas, he visto todo de cerca y nunca me ha llamado la atención porque, al contrario, siento que eso sería contraproducente para mi sistema nervioso, para mí.

No les voy a decir que soy una santa, que nunca me he tomado un vinito y me lo he disfrutado montones, pero nunca ha sido algo que haya utilizado para salir de la tristeza o la depresión. Eso es muy importante.

León es cantante y presentadora.​

—En este mes de la prevención del suicidio, ¿cuáles han sido las herramientas que más le han ayudado a enfrentar la depresión y la ansiedad a lo largo de su vida? Más allá de la fe, ¿qué hábitos, personas o actividades han sido importantes para usted?

Tengo varias cosas. Primero, tengo una tribu espectacular: mis papás, mis hermanas y amigos que han llegado a mi vida no solo a iluminarla, sino a escucharme o simplemente estar para mí. Eso me ha ayudado montones. Si ustedes tienen buenos amigos, cuídenlos mucho. Es gente que no te juzga y te hace sentir en un espacio seguro.

Otra de las herramientas más importantes para mí ha sido escribir. Tengo un diario que utilizo en las noches para sacar todo lo que estuvo en mi sistema. Me da mucha curiosidad leerlo meses después y decir: “Wow, no puedo creer que haya pasado por esto”.

También es importante no tenerle miedo a los medicamentos. Si son necesarios en un momento de nuestra vida, hay que tomarlos y regular el sistema nervioso. No es un proceso fácil, especialmente al comenzar un antidepresivo o un tratamiento psicológico; por eso hay que tener mucha paciencia.

También aprendí a cerrar las puertas que sé que no me hacen bien, a decir que no, ponerme límites y amarme mucho. Cada mañana, cuando me veo al espejo, empiezo a decirme cosas lindas, aunque no las esté sintiendo en ese momento.

Sobre todo porque vivo sola, también es importante construir una relación con uno mismo que sea saludable.

—Además de su familia, sus amigos, la escritura y el tratamiento profesional, ¿han sido sus mascotas parte de esa red de apoyo emocional?

Voy a llorar. Sí, tengo a Nalita. Nala tiene tres años y Lulu falleció hace cuatro meses. Lulu fue mi chihuahua y llegó a mis manos cuando tenía dos meses. Cuando murió, curiosamente, yo estaba empezando un nuevo medicamento antidepresivo. Fue durísimo porque era mi chihuahua de nueve años y se me fue de la noche a la mañana.

Yo todavía no he formado una familia. No sé si eso es lo que Dios quiera para mí; no me urge. Pero mi familia era Lulu, Nala y yo. Lulu estuvo en mis peores ataques de pánico y en mis tristezas más profundas. Esos besitos que nunca van a volver siempre están cuando me siento mal.

—¿Qué les diría a quienes perdieron una mascota que ha sido un apoyo emocional?

Que se sientan bien con amarlos todos los días. A mí eso es lo que más paz me da ahora que la extraño, porque sí la extraño mucho. Era mi compañera, me conocía demasiado bien y me acompañó hasta el último día, incluso cuando ya estaba enferma del corazón.

Lo que les puedo decir es que les den lo mejor que tengan a sus mascotas mientras estén vivos. Porque el día que se van, lo que uno siente en el corazón es paz al saber que les dio la mejor vida posible. Yo puedo decir que fui la mamita peruana más amorosa. Ellos lo aman a uno con una incondicionalidad enorme y siempre están ahí esperándolo feliz.

Si acaban de perder a su mascotita, fueron afortunados de tenerla. Es el amor más puro del mundo y da paz saber que uno les dio la mejor vida posible.

María Fernanda León junto a Nala y Lulu.

—En redes sociales las personas suelen opinar constantemente sobre el cuerpo y la apariencia de los demás. ¿Cómo ha enfrentado esos comentarios?

Mi cuenta me di, pero bajé mucho de peso justamente por esta nueva medicación. Eso es algo que la gente no sabe. La medicación me hizo bajar mucho de peso porque uno pierde el apetito y los primeros meses son complicados.

Ahora estoy buscando un estilo de vida mucho más saludable y creo que una herramienta muy importante es mover más el cuerpo. Yo empecé a hacer ejercicio hace un año. Antes me daba mucha ansiedad ir al gimnasio: tenía ansiedad social, miedo a equivocarme o a levantar una pesa. Para mí era impensable.

Probé el ejercicio y ahora soy adicta porque es la dopamina que necesito. Si no pueden ir al gimnasio, bailen, caminen, salgan al sol. Mover el cuerpo es superimportante. Mi psiquiatra me dijo que el ejercicio es lo que más me ha ayudado a mejorar, incluso más rápido que la medicación.

—Si pudiera sentarse hoy frente a esa María Fernanda de 19 años, ¿qué le diría para ayudarla a atravesar ese momento?

Que vienen un montón de golpes más, algunos más fuertes y que me van a doler igual o más. Pero que la vida es así y que el mundo no se acaba, aunque en ese momento uno sienta que se quedó sin fuerzas. Siempre hay una luz y, después de la tormenta, llega la calma.

La lluvia también es necesaria porque nos hace florecer mejor. Aunque estemos atravesando momentos de tristeza, esos momentos se pueden convertir en lecciones de aprendizaje. Hay que tomarlas, ser fuertes y valientes y luchar todos los días.

En este mes, específicamente, cuando sientan que se les están acabando las fuerzas, busquen a Dios, aférrense a lo más fuerte que tengan y, si son ustedes mismos, todavía mejor. Si tienen un amigo o un familiar que aman muchísimo, piensen: “¿Qué le diría yo a esa persona?”. Entonces díganselo a ustedes mismos todos los días.

Esa es una de las cosas que más me ha ayudado, porque así como somos buenos para aconsejar a otras personas, también tenemos que aprender a aconsejarnos a nosotros mismos y seguir esos consejos. Tenemos esa valentía y esa resiliencia dentro.

—¿Qué les diría a los padres de adolescentes o a quienes tienen cerca a alguien con ansiedad o depresión?

A los papás les diría que observen mucho a sus hijos. Aunque uno no quiera ser invasivo, es importante acompañarlos, especialmente cuando están tristes, notar cambios en su comportamiento y buscar espacios para conversar con ellos. Los papás muchas veces saben cuando algo no está bien.

A los adolescentes les diría que sé que es difícil y que no es bonito vivir con ansiedad, pero estas experiencias también nos hacen fuertes. Que busquen ayuda y que se escriban una carta a su “yo” del futuro. Es una práctica hermosa porque uno se da cuenta de todo lo que es capaz de superar, solo y, todavía más, en compañía.

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León también habló de la importancia de utilizar sus redes sociales para visibilizar la salud mental y compartir parte de su experiencia, aun cuando eso la expone a comentarios y críticas. 

Hoy asegura sentirse bien y haber aprendido a manejar mejor las situaciones difíciles, pero continúa con acompañamiento psicológico y psiquiátrico y toma medicamentos como parte de su tratamiento.

Su mensaje es claro: no hay que esperar a tocar fondo para buscar ayuda. Para ella, los momentos de bienestar también son una oportunidad para construir herramientas que permitan enfrentar las etapas difíciles. 

Después de años de tratamiento y algunas recaídas, asegura que aquella tristeza profunda que alguna vez creyó que la acompañaría toda la vida ya no define quién es. Desde sus redes, busca que su historia también sirva para que otras personas sepan que pedir ayuda profesional es parte del proceso y que es posible estar mejor.