Salud
¡Jóvenes en riesgo! Uso excesivo de audífonos acelera pérdida de audición
El uso prolongado y el alto volumen de estos dispositivos está provocando pérdida auditiva y tinnitus en adolescentes y adultos jóvenes.
Borracho sin beber alcohol: lo que durante mucho tiempo parecía una curiosa anécdota, resulta ser un trastorno metabólico grave.
El síndrome de autofermentación o autocervecería (ABS, por sus siglas en inglés), en el que el propio intestino produce etanol, ahora se comprende mejor gracias al microbioma. Hasta la fecha, no existe una estimación fiable del número de personas afectadas por el ABS.
Se trata de un trastorno descrito sistemáticamente como “muy raro”, pero muchos médicos sospechan que puede haber un elevado número de casos de los que no hay constancia, ya que probablemente se confunden con abuso de alcohol u otras enfermedades.
Los afectados por ABS se emborrachan aunque no hayan bebido ni una gota. Durante mucho tiempo, se pensaba que se debía a un exceso de levaduras en el intestino, pero trabajos recientes apuntan a determinados tipos de bacterias.
Un estudio reciente publicado en Nature Microbiology es la investigación más exhaustiva realizada hasta la fecha sobre este inusual síndrome.
La investigación, dirigida por Bernd Schnabl y Cynthia Hsu, fue realizada en el hospital universitario especializado en investigación sobre el hígado y el microbioma de la Universidad de California en San Diego.
El equipo evaluó muestras de heces de 22 pacientes con ABS, así como las de 21 miembros de sus familias y las de 22 personas sanas. Esto permitió a los científicos entender mejor qué parte del problema se debe a la dieta y al entorno, y qué parte se debe a las bacterias del intestino.
En el laboratorio, las muestras de los pacientes con ABS tenían una cantidad de alcohol significativamente mayor que las de los grupos.
Las responsables de ello son principalmente bacterias intestinales como Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae, que fermentan los carbohidratos en exceso para producir etanol.
“Estos microbios utilizan diferentes vías metabólicas para producir etanol y pueden elevar el nivel de alcohol en sangre hasta tal punto, que las personas afectadas ya no se encuentran en condiciones para conducir”, explica Schnabl.
El síndrome demuestra cuán radical puede ser la influencia del microbioma en el comportamiento y la salud. Incluso puede ser decisivo a la hora de dictaminar la culpabilidad o inocencia de una persona en un tribunal o en un control de tránsito.
Lo realmente incómodo del síndrome no es solo el alcohol en la sangre, sino también la duda: ¿quién le cree a una persona que jura no haber bebido nada cuando su propio intestino funciona como una cervecería clandestina?
Muchas personas con esta dolencia son tachadas inicialmente de alcohólicas ocultas, lo que tiene consecuencias dramáticas para su vida cotidiana, sus relaciones de pareja y, sobre todo, su credibilidad.
Al mismo tiempo, los métodos de diagnóstico usados hasta ahora son laboriosos, ya que los pacientes deben seguir una dieta rica en carbohidratos bajo estricta supervisión, mientras se mide el nivel de alcohol en sangre.
Los autores del estudio proponen diagnosticar la enfermedad en el futuro mediante muestras de heces e intervenir de forma específica en el metabolismo bacteriano.
Hasta ahora, no existe una terapia estándar. Sin embargo, los síntomas de un paciente mejoraron notablemente tras dos trasplantes de heces. Suena muy desagradable, pero el trasplante de microbiota fecal (FMT, por sus siglas en inglés) es muy eficaz.
Este consiste en transferir bacterias intestinales de un donante sano al intestino de un paciente, con el objetivo de “reiniciar” su microbioma alterado. El equipo seguirá investigando este prometedor enfoque en un grupo de ocho pacientes.
Los expertos consideran los nuevos hallazgos como un paso importante hacia la medicina de microbioma personalizada. Sin embargo, advierten contra un optimismo prematuro: para establecer un tratamiento, se necesitan amplios estudios y datos a largo plazo.