POR | 7 de octubre de 2026, 9:50 AM


MSc. Henry Álvarez / coach en desarrollo humano, liderazgo y familia.

Según estudios científicos, se ha comprobado que las personas que sufren de soledad crónica y de falta de propósito viven menos y sufren de más enfermedades. Esto es porque el ser humano es un ser sociable. 
De ahí la importancia de construir relaciones sanas con personas que nos aporten y que contribuyan a nuestro crecimiento.

También es importante buscar grupos afines, por ejemplo, ser parte de grupos sociales que trabajen en la comunidad, apoyar y servir en obras sociales, pertenecer a comunidades eclesiásticas, bailar, pasear, buscar algo que nos entretenga, aprender alguna disciplina como pintar, tocar guitarra, algún idioma, entre otras opciones. 

También hay personas que, aunque estén rodeadas de gente, siguen sintiéndose solas. La soledad es como una vela que empieza poco a poco a apagarse, y pasa que, aunque tengan muchas cosas materiales, se sienten solas, con un vacío emocional; se trata de una soledad acompañada de una tristeza profunda. En estos casos hay que ser muy intencional, y empezar a buscar voluntariamente actividades que lo llenen y le gusten a uno.

El otro problema es la falta de propósito; se puede tener una profesión o una carrera académica, pero hay personas que siguen sintiéndose solas y vacías a pesar de ello, y de la solvencia económica que conlleva; como dijo alguien, “es tan pobre que lo único que tiene es dinero”.

¿Qué pasa cuando se llega a la cima del éxito y se siguen sintiendo solos e infelices? Muchas veces, terminan lamentablemente, quitándose la vida. No estoy haciendo un juicio de valor, solo describo lo que muchos que llegaron a la cima, y estando allá “arriba”, donde probaron todo: fama, éxito, popularidad, se dieron cuenta de que en su viaje les faltó algo. Me atrevo a decir que no encontraron su propósito en la vida, aquello que les generara pasión.  

Cuando hablo de pasión, no me refiero a la pasión sexual, sino a aquella que nos hace sentirnos felices; algo que nos crea felicidad, agrega valor, como usar los dones, talentos y los recursos que Dios nos ha dado para el servicio a los demás.

Se dice que hay tres días importantes en la vida: el día en que nacimos físicamente, el día en que nacimos de nuevo (me refiero al nacimiento espiritual) y el día en que descubrimos para qué nacimos. Cuando uno descubre para qué nació, siente una sensación de paz y felicidad porque vive con propósito.

Seguir viviendo sin ningún propósito en la vida es como estar muerto en vida. La vida se vuelve maravillosa cuando descubrimos la razón por la cual vivimos, lo cual yo llamo tener plenitud de vida. Cuando estamos contentos y agradecidos, no hay lugar para la soledad porque nos sentimos felices y reconciliados con nosotros mismos, habiendo hecho la paz con el pasado, sin resentimientos, construyendo buenas relaciones humanas significativas, cumpliendo el propósito por el cual nacimos. Según estudios científicos, está comprobado que hay más probabilidad de sufrir menos enfermedades y de vivir más.

Termino esta reflexión con las palabras del gran sabio de la era antigua, el rey Salomón, cuando dijo: 

“El fin de todo el discurso es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”, (Eclesiastés 12:13).

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores corresponden únicamente a sus opiniones y no reflejan las de Teletica.com, su empresa matriz o afiliadas. 

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