POR | 11 de agosto de 2026, 16:11 PM

Dr. Alexander López / Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica.​

El 11 de enero de 1994, antes de que empezara el genocidio en Ruanda, el jefe de los Cascos Azules en Kigali mandó un comunicado a la sede de Naciones Unidas en Nueva York, pidiendo autorización para asaltarlos depósitos de armas con el objetivo de confiscarlas y por tanto detener el genocidio en Ruanda, y ¿qué pasó? Lo que todos sabemos, el peor genocidio sucedido en África. ¿Qué falló? Claramente, la información no, las Naciones Unidas tenían la información, falló la toma de decisiones anclada en procedimientos burocráticos excesivos, la respuesta fue eso está fuera del mandato y no se puede hacer; esa respuesta es la prueba más visible de la burocratización excesiva de la organización

Sin embargo, esta es solo parte de la historia, ya que existen también otras razones que explican por qué es común escuchar hoy día la frase “el sistema multilateral está en crisis”, lo cual hace referencia básicamente al declive de la cooperación internacional y a la fragmentación del orden internacional, siendo este el resultado de una serie de factores, no solo la burocratización de tales instituciones, sino también debido a las tensiones geopolíticas, los cambios de poder económico y el auge del nacionalismo.  

¿Cuáles son algunos de los factores que están incidiendo en la denominada crisis del multilateralismo? 

  • Sesgo de poder histórico, déficit de representatividad y desbalance en las instituciones financieras 

Las estructuras de toma de decisiones reflejan el equilibrio de poder del siglo pasado y no la realidad multipolar del siglo XXI. Ejemplo de ello es que el Consejo de Seguridad de la ONU, con sus cinco miembros permanentes con derecho a veto (EE. UU., Rusia, China, Reino Unido y Francia), excluye a regiones enteras como África y América Latina, e ignora el peso de potencias emergentes como India o Brasil. Es decir, existe poca representatividad del Sur Global.  

Otro ejemplo de ello es que las cuotas de voto en instituciones como el FMI o el Banco Mundial están desproporcionadamente controladas por economías avanzadas, lo que limita la influencia de las economías en desarrollo en la definición de las políticas de crédito globales. 

  • Burocracia y fragmentación: la que se traduce en ineficacia, parálisis operativa o inacción 

Se señalaba el caso del genocidio en Ruanda para mostrar que esto no es un tema teórico de análisis sociológico, es ciertamente una realidad con un enorme impacto en el mundo actual. La mayoría de estructuras multilaterales padecen de un exceso de burocracia, duplicación de mandatos entre agencias y una lentitud estructural para responder con agilidad a emergencias complejas. 

Además, la polarización entre las grandes potencias bloquea constantemente la adopción de resoluciones vinculantes ante crisis humanitarias y conflictos armados internacionales, generando una sensación de parálisis institucional. 

  • Asimetría e ineficacia en la gobernanza económica y del desarrollo 

La gobernanza económica global, diseñada bajo los Acuerdos de Bretton Woods, enfrenta un cuestionamiento profundo respecto a la gestión del desarrollo y de las crisis globales contemporáneas. 

El Sur Global denuncia que los compromisos de financiamiento para el desarrollo y la transición climática se cumplen de manera insuficiente o bajo esquemas de endeudamiento desproporcionados, los cuales profundizan en la vulnerabilidad económica de las economías emergentes y en desarrollo. Mientras los países de altos ingresos acceden a capital con tasas de interés bajas, las naciones en desarrollo enfrentan primas de riesgo elevadas que dificultan la inversión en infraestructura y adaptación climática. 

Ejemplo de ello es que las condicionalidades impuestas tradicionalmente por las instituciones financieras internacionales han sido criticadas por restringir el espacio fiscal de los países en desarrollo para implementar políticas públicas soberanas e industriales. Proyectos como la Iniciativa de Bridgetown promueven la reestructuración del financiamiento climático global, la suspensión del pago de deuda ante desastres naturales y la canalización masiva de Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI hacia países vulnerables.

  • El nacionalismo imperante

El ejemplo más claro de ello es la agresiva política de "Estados Unidos primero", la administración Trump ha renunciado al papel tradicional del país como líder del orden liberal internacional y se ha retirado del Convenio de París sobre el clima, del Acuerdo Nuclear con Irán y de la Asociación Transpacífica. Por otro lado, China, con el objetivo de inclinar el sistema multilateral a su favor, está creando estructuras de gobernanza paralelas como la Organización de Cooperación de Shanghái o el Banco de Desarrollo de China. La UE, tradicional paladín del multilateralismo, está dividida internamente y pierde influencia en la escena internacional.  

En conclusión, el multilateralismo continúa siendo un pilar fundamental para garantizar la paz, la seguridad y el desarrollo de la mayoría de los países en el mundo. Sin embargo, las estructuras actuales y su funcionamiento, hacen que esos objetivos se vean raramente cumplidos. Claramente, en un mundo fragmentado se necesita más y mejor multilateralismo, pero ese mismo mundo fragmentado no necesita más burocracia global, no necesita más respuestas como "hay que apegarse al mandato", ni tampoco otra cumbre pomposa para preservar la paz y seguridad internacional. 

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores corresponden únicamente a sus opiniones y no reflejan las de Teletica.com, su empresa matriz o afiliadas.

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