POR | 22 de julio de 2026, 19:06 PM

Bernal Fonseca / Comunicador y triatleta de alto rendimiento. 

España volvió a conquistar el mundo. El título mundial no puede explicarse únicamente por un entrenador brillante, una generación talentosa o un partido perfecto. Detrás de esa copa hay años de trabajo silencioso: una identidad de juego sostenida en el tiempo, inversión en el desarrollo de jugadores desde edades tempranas, continuidad en la formación de entrenadores y la capacidad de mantener un rumbo incluso cuando los resultados no acompañaban.

El Mundial no fue el inicio de esa historia. Fue la consecuencia. Y quizá esa sea la mayor lección que deja este campeonato para países como Costa Rica.

Nos hemos acostumbrado a pensar que el cambio llegará de la mano de una persona extraordinaria. Esperamos al presidente indicado, al gerente indicado, al profesor indicado, al emprendedor indicado o al deportista que vuelva a poner nuestro nombre en lo más alto. Depositamos demasiada esperanza en las personas y muy poca en los sistemas que deberían hacer posible que el talento aparezca una y otra vez.

Los héroes son necesarios. Nos inspiran. Nos movilizan. Nos recuerdan que es posible llegar más lejos. Pero los héroes también son temporales. Los sistemas, en cambio, permanecen.

Cuando una empresa depende exclusivamente de una persona para tomar decisiones, no tiene fortaleza; tiene dependencia. Cuando una institución cambia completamente de rumbo con cada administración, desperdicia el conocimiento acumulado. Cuando una comunidad solo avanza porque alguien la empuja, su progreso siempre será frágil.

Los héroes resuelven problemas. Los sistemas evitan que esos problemas vuelvan a repetirse.

Quizá por eso la mayor responsabilidad de cualquier líder no sea convertirse en indispensable, sino lograr exactamente lo contrario: construir procesos, desarrollar personas, compartir conocimiento y crear una cultura que siga dando resultados cuando él o ella ya no esté.

Ese debería ser el verdadero indicador del éxito de un liderazgo. No cuántas personas dependen de mí. Sino, cuántas personas pueden seguir adelante sin mí.

Costa Rica necesita empezar a hacerse una pregunta distinta. En lugar de buscar al próximo héroe que venga a resolver nuestros desafíos, deberíamos concentrarnos en construir los sistemas que hagan posible que aparezcan cientos de nuevos líderes, emprendedores, científicos, deportistas y ciudadanos capaces de transformar el país.

Porque las sociedades que trascienden no son las que producen un héroe cada cierto tiempo. Son las que construyen los sistemas capaces de multiplicarlos.

Y esa quizá sea la pregunta más importante que todos deberíamos hacernos, desde el lugar que ocupamos en nuestras empresas, instituciones, comunidades o familias: ¿Quiero ser recordado como un héroe indispensable o como la persona que ayudó a construir el sistema que hizo posibles muchos héroes más?

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores corresponden únicamente a sus opiniones y no reflejan las de Teletica.com, su empresa matriz o afiliadas.

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