De la A a la Z
Aprendiendo a reaccionar ante la ansiedad
En un lugar silencioso es donde se toman decisiones con sabiduría, eliminando los pensamientos que vienen a su mente llenos de preocupaciones y ansiedad.
Dr. Alexander López / Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica.
América Latina es actualmente escenario de una competencia geopolítica muy preponderante basada en dos lógicas estratégicas muy diferentes. Por un lado, Estados Unidos propone una lógica basada en la seguridad del hemisferio, mientras que el gigante asiático desarrolla una estrategia que ellos denominan de cooperación entre los países del Sur Global. Si bien estas estrategias presentan enfoques muy distintos, ambas convergen en la importancia geopolítica de la infraestructura y las cadenas globales de valor para las estructuras de poder internacional. En América Latina, dos de las principales manifestaciones de esto lo son el Canal de Panamá y el Puerto de Chancay en Perú.
En el caso estadounidense hay una lógica económica vinculada a la seguridad. A través de su Estrategia de Seguridad Nacional (Trump Corollary to the Monroe Doctrine), Estados Unidos pretende restaurar la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental. Para lograr este objetivo, la potencia hegemónica quiere negar a sus competidores extrarregionales la posibilidad de controlar activos estratégicamente vitales en el continente (The White House, 2025).
Esta lógica se viene ejecutando mediante instrumentos que mezclan seguridad y economía.
El segundo instrumento es el respaldo financiero condicionado; tal cual sucedió en Argentina en 2025. El Tesoro estadounidense acordó comprar hasta 20.000 millones de dólares en pesos al Banco Central de Argentina a cambio de dólares, mediante el Fondo de Estabilización Cambiaria.
En el caso de China, su acercamiento a la región se ha dado de manera distinta; su estrategia está fundada en lo que, según la versión oficial, es una cooperación Sur-Sur.
En la reunión China-CELAC, celebrada en 2025, el líder chino Xi Jinping recordó que China y los países de CELAC habían ejecutado más de 200 proyectos de infraestructura bajo la Franja y la Ruta, cuyas áreas prioritarias son infraestructura, agricultura, energía, minerales, telecomunicaciones 5G, economía digital e inteligencia artificial (Xi, 2025).
El mensaje político fue tan claro como el económico. China no se deja intimidar por las políticas de Washington. La inversión en capital e infraestructura viene a fortalecer el vínculo terrestre y marítimo entre Asia y América Latina. El Puerto de Chancay en Perú viene siendo el ejemplo más emblemático del fortalecimiento de estas relaciones y de la mayor presencia china en la región.
Estas estrategias dejan ver que la infraestructura y las cadenas globales de valor tienen mayor impacto geopolítico actualmente; y son el punto de encuentro entre ambas potencias. Un puerto no es solo un muelle; es un punto clave donde se decide qué barco llega primero, qué carga se traslada, qué información se registra y qué ruta es más económica. La literatura sobre gobernanza de cadenas de valor lleva dos décadas demostrando que el poder en una cadena no está solo en quien produce o vende, sino en quien coordina los intercambios y establece las reglas, con niveles distintos de desigualdad (Gereffi, 2005).
A partir de esta perspectiva de economía y política internacional, autores como Farrell y Newman (2019) señalan que los países que albergan o controlan nodos centrales en las redes globales pueden monitorear los flujos y bloquearlos o condicionarlos. Lo anterior explica por qué en América Latina un canal interoceánico y un puerto de aguas profundas en el Pacífico pasaron, en pocos años, de ser simples obras de infraestructura a convertirse en asuntos de seguridad nacional.
Aun así, Washington lo ve como un tema de seguridad. Los legisladores estadounidenses dicen que Chancay tiene potencial de doble uso y podría convertirse en una “amenaza militar directa para el hemisferio occidental”. En este sentido, el conflicto gira en torno a quién supervisa al operador. En consecuencia, lo que se disputa es quién administra el nodo.
En síntesis, existe una competencia de mercados por ver quién administra las cadenas de valor. Esta idea tiene tres razones que la respaldan.
En primer lugar, la disputa entre China y Estados Unidos no se trata de cuánto se vende o se compra; gira en torno a quién opera las terminales, quién supervisa a un operador, qué naviera presta servicio y con qué socios se construye un portafolio portuario.
En segundo lugar, la gobernanza de una cadena es un asunto de poder. Quien coordina la cadena decide qué se produce, cómo y bajo qué condiciones (Gereffi, 2005). La estrategia estadounidense menciona impedir que rivales extrarregionales posean o controlen activos (The White House, 2025). La china promete asegurar cadenas industriales y de suministro estables, sin obstáculos (Xi, 2025).
La última razón plantea que esta lógica no se limita a los puertos, ya que, como es conocido, la agenda china incluye minería, energía, telecomunicaciones e inteligencia artificial (Xi, 2025). Estados Unidos muestra una preocupación similar por los activos críticos. Por tanto, es previsible que la disputa por controlar nodos se extienda próximamente a los minerales críticos y a las redes digitales.
A manera de conclusión, se puede señalar que, para América Latina, esto plantea riesgos y también posibilidades. El principal riesgo es convertirse en un territorio de tránsito, una zona de paso en una rivalidad que no es propia. La cuestión fundamental es cuánto valor queda en la región. La competencia decisiva ya no se libra simplemente por vender más, sino por administrar los nodos por donde circula el comercio.
La tarea de los países latinoamericanos será diversificar a los operadores y usar la infraestructura para avanzar en las cadenas de valor; para que ese control no se decida sin la región, y que las reglas de esa administración le dejen más valor y más autonomía.
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