De la A a la Z
Costa Rica tiene una crisis de referentes
Una sociedad sin referentes se vuelve más individualista, más desconfiada y más vulnerable a la polarización.
Bernal Fonseca / Comunicador y triatleta de alto rendimiento.
Costa Rica atraviesa tiempos complejos. La inseguridad preocupa, la política divide, el costo de la vida presiona y la confianza en las instituciones parece erosionarse con cada nuevo debate público. Sin embargo, detrás de todos esos síntomas existe una crisis menos visible, pero posiblemente más profunda: una crisis de referentes.
Las instituciones siguen ahí. Los partidos políticos continúan compitiendo por el poder. La Selección Nacional sigue representándonos en las competencias internacionales. Las universidades continúan formando profesionales y las empresas siguen generando oportunidades. Pero cada vez resulta más difícil encontrar figuras capaces de inspirar, convocar y representar algo más grande que sus propios intereses.
La reciente crisis de indisciplina en la Selección Nacional es un ejemplo que trasciende lo deportivo. No se trata únicamente de un incidente dentro de un camerino ni de una decisión administrativa de la Federación. Se trata de una llamada de atención sobre el papel que desempeñan quienes visten una camiseta que representa a todo un país.
Durante generaciones, ser seleccionado nacional significó mucho más que tener talento. Significó asumir una responsabilidad pública. Los futbolistas se convertían, voluntaria o involuntariamente, en modelos para miles de niños y jóvenes que encontraban en ellos una fuente de inspiración. Hoy, en cambio, pareciera que el talento y la notoriedad ya no siempre vienen acompañados del compromiso que exige representar a una nación.
Y la pregunta es inevitable: ¿qué ocurre cuando quienes admiramos por sus capacidades dejan de ser admirables por su conducta? La respuesta es sencilla. La admiración se transforma en decepción y el referente pierde su capacidad de influir positivamente.
La política tampoco escapa a esta realidad.
Costa Rica ha vivido durante años una profunda crisis de confianza hacia su clase política. Los partidos parecen cada vez más dependientes de figuras individuales y menos capaces de construir proyectos que sobrevivan a sus líderes. La discusión pública se concentra en nombres propios y confrontaciones permanentes.
Se habla mucho de quién gobernará mañana, pero muy poco de quiénes están siendo preparados para liderar dentro de diez o veinte años.
La democracia necesita líderes, pero también necesita liderazgo.
Y el liderazgo no consiste únicamente en ganar elecciones o acumular poder. Consiste en formar relevos, construir consensos, desarrollar capacidades y dejar instituciones más fuertes que las que se recibieron.
Cuando los liderazgos se vuelven exclusivamente personales, la democracia corre el riesgo de quedarse sin herederos capaces de continuar una visión colectiva de país.
El problema, sin embargo, va más allá del deporte y de la política.
Vivimos en una época donde la visibilidad parece haber sustituido a la influencia. Nunca habíamos tenido tantas personas con plataformas para comunicar, pero pocas logran convocar a sectores distintos alrededor de una causa común. Tenemos celebridades, figuras públicas e influenciadores. Lo que escasea son los referentes.
Personas capaces de inspirar por lo que hacen, por cómo viven, por los valores que representan y por la coherencia entre sus palabras y sus acciones. La consecuencia de esta ausencia es silenciosa pero poderosa. Una sociedad sin referentes se vuelve más individualista, más desconfiada y más vulnerable a la polarización. Pierde puntos de encuentro. Pierde ejemplos a seguir. Pierde la capacidad de construir propósitos compartidos.
Las democracias no se sostienen únicamente con leyes, instituciones o procesos electorales. También se sostienen sobre personas que encarnan valores capaces de unir a una comunidad.
Por eso, quizás la pregunta más importante para Costa Rica no sea quién ocupará los próximos cargos públicos ni quién marcará los próximos goles. Quizás la pregunta verdaderamente urgente sea otra: ¿quiénes estamos formando para que se conviertan en los referentes que este país necesita?
Porque las sociedades siempre terminan pareciéndose a las personas que deciden admirar.
Y hoy, más que nunca, Costa Rica necesita volver a encontrar ejemplos que merezcan ser seguidos.
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