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El objetivo último de alcanzar un superávit primario para 2023 que persigue la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no es ni factible ni real.

Así lo señalan diversos economistas consultados, quienes advierten que, aún con la voluntad política (de la cual la negociación no goza), los números sencillamente no dan.

¿Qué es?  

La intención del Poder Ejecutivo es que las reformas propuestas en temas como exoneraciones, impuestos y empleo público permitan que la balanza de ingresos y gastos sea positiva en tres años, sin contar el tema de intereses y deuda pública.

Básicamente, el Gobierno quiere que sus ingresos superen sus gastos en un 1% de aquí a 2023 al menos en esa balanza más básica, abriendo así margen para empezar a amortizar la creciente deuda y sus intereses.

Estabilizar la trayectoria de esa deuda implicaría pasar del 4.4% de déficit primario actual a ese 1% de superávit, es decir, un ajuste de 5.4%.

“Yo agarro la calculadora y, al menos con las cifras que se han hecho públicas, las cuentas no dan. Ese ajuste del 5.4% del PIB no sale, cuando el propio Elian (Villegas, ministro de Hacienda) habla de alcanzar un 4%.

“Por eso le pregunté a Elian, a Garrido (Pilar, ministra de Planificación), cómo iban a defender ese objetivo ante el FMI cuando ellos saquen cuentas y vean que el objetivo no es real, a menos que tengan un as bajo la manga que nadie conoce”, aseguró el economista Gerardo Corrales.

El experto aseguró que el Gobierno tiene “un camino escabroso por delante” para luchar por un ajuste que además es insuficiente y que cada vez es más irreal, porque desde la Asamblea Legislativa el número de diputados que se oponen a nuevos impuestos y ajustes tributarios crece y los sindicatos ya iniciaron su lucha contra la reforma al empleo público.

Carlos Palma, director de la Escuela de Economía de la UCR, añadió que el Gobierno ya descartó los impuestos que más rápido podrían haber impactado el tema de ingresos, como lo son el aumento del IVA, gravar las transacciones financieras o aumentar la renta a salarios.

“Esas propuestas sí podrían haber permitido un incremento inmediato y rápido en los ingresos y acercarnos a esa meta de superávit en 2023, pero son medidas impopulares, que no tienen ninguna viabilidad política ni social y ahora tampoco económica, porque el país no está para asumir una mayor carga impositiva, con más impuestos no se va a reactivar la economía, no se va a impulsar el consumo”, dijo Palma.

El economista insistió en que el objetivo no es realizable en un plazo tan corto sin una reforma “demasiado violenta” e insistió en que las propuestas de contención del gasto o de ingresos como el tema de las utilidades son lentas.

“Con lo propuesto actualmente, a excepción del tema de los premios de lotería, el cambio será muy lento, estamos hablando de 9 o 10 años, jamás para pensar en 2023”, añadió.

Presión política

Daniel Suchar, también economista, asegura que la propuesta del Gobierno tal vez sería factible en un escenario completamente diferente al actual, pero nunca en un año electoral.

“No lo veo factible, porque lo fuerte de esas reformas se da en la Asamblea Legislativa y eso no va a pasar en un año electoral. Cada decisión que ahí se tome va a tener un impacto en febrero y ellos (los diputados) lo saben, no se van a jugar esos chances.

“Ahora, la propuesta podría ser viable siempre que hablemos de impuestos para nivelar la cancha, como el de la lotería, como el de los certificados a plazos en las cooperativas, cosas que vengan a equiparar, pero hay otros ahí como el de gravar los rendimientos de las pensiones y el FCL que son una locura”, dijo Suchar.

La propuesta de negociación con el FMI quedará formalmente presentada la próxima semana, luego de ahí iniciará la discusión de todas las reformas propuestas en la Asamblea Legislativa, al tiempo que los sindicatos ya anunciaron manifestaciones y eventuales huelgas para frenar esas discusiones.