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Desde la entrada de la casa, esa afición comienza a manifestarse.

Todo comenzó hace 32 años,  con el nacimiento de su primer hijo. La vida le cambió, y el portal se convirtió en un símbolo de ese maravilloso cambio.

El pasito le inspira precisamente eso, amor y unión familiar.

Comenzó a comprarlos, y luego su gusto se expandió a amigos y familiares.

Ya tiene 114 diferentes pasitos, en exposición permanente. Si usted se está imaginando lo difícil que debe ser limpiar 114 pasitos, créamelo que doña Georgina también.

Más que una colección, es una fuente de recuerdos, de emociones al pensar en el próximo pasito, en dónde lo conseguirá, y por supuesto, de tener siempre presente la importancia de la familia, antes que todo.

En su colección encuentra las formas y materiales que usted pueda imaginarse.

En ese sentido, en esta casa siempre es navidad. Aunque el portal más grande, si lo guarda luego del rezo.