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Han pasado poco más de siete meses desde que Ernesto Alonso Campos, de 35 años, se contagió de COVID-19 y murió tras un periodo de hospitalización. 

Feve Arguedas Jiménez estaba a días de dar a luz cuando le dieron peor noticia de su vida: su esposo había muerto luego de contagiarse con el nuevo coronavirus.

La mujer conversó con Teletica.com y aseguró que estos meses han sido difíciles emocionalmente.

“Ha sido muy difícil porque la ausencia de él es mucha, me hace muchísima falta, es muy duro cada día no tenerlo al lado mío, al lado de bebé. Bebé cada día me lo recuerda con todo, se parece muchísimo a él”, contó la esposa.

El bebé cumplió siete meses, tiempo que coincide con la muerte del papá.

Su mamá le cuenta que se parece mucho a Ernesto, pero aún no sabe cómo decirle que falleció. Asegura, incluso, necesitar ayuda profesional para no lastimarlo.

“Ese es un tema bastante difícil porque yo le digo que se parece mucho a papito y todo eso, pero no sé como manejarlo porque para mí es muy doloroso. En eso estoy, viendo si consigo ayuda de alguna persona profesional para ver de qué manera puedo hablarle a él del papá”, comentó Arguedas.

“Ernesto se murió”

Desde el pasado 11 de agosto, día en que murió su esposo, Feve ha tenido momentos muy complicados; pero, según ella, el peor fue cuando le dieron la noticia.

Ella asegura que hubo un momento cuando nadie le quería decir nada, ella ya no recibía información de su esposo.

“La psicóloga me dijo: Ernesto no pudo, no superó, se murió (…). Yo tenía a bebé en mi vientre y él iba a sufrir y yo también entonces no podían decirme nada”.


Sin embargo, ella también dice haber aprendido que existen personas con muy buenas intenciones, ya que en su camino han aparecido muchas.

“Hay personas muy lindas y de muy buen corazón que me han brindado el apoyo, desde mi familia, los enfermeros, personas a las que les tocó el corazón la muerte de él, le ayudaron mucho a bebé y a mí me trajeron muchas cositas”, añadió.

Un segundo sufrimiento: la economía

La parte económica ha sido otro factor importante para la familia, ya que desde que Ernesto no está no han podido acomodarse completamente.

Antes de la tragedia, la pareja, vecina de Cariari de Pococí, había iniciado un pequeño negocio en su casa: la Pizzería El Mana.

Cuando el hombre falleció, el negocio estuvo cerrado mucho tiempo y cuando quisieron reabrirlo no pudieron hacerlo.

“Yo quedé muy mal emocionalmente y durante un buen tiempo no lo abrí. Cuando decidimos retomar para volver a trabajar no pudimos porque el Ministerio de Salud no nos lo permitió”, contó Feve.

Según dice, las autoridades aseguraron que tienen que construir un pequeño local separado de la casa para seguir operando.

“Estábamos iniciando, estábamos en ese proceso apenas para poder ir poco a poco, pero no nos dio tiempo. Fue una sorpresa, nadie se lo espera”, añadió.

Debido a esta situación, la familia es la que ha tenido que velar por Feve y su hijo, pero conforme pasan las semanas es cada vez más complicado.

“Mi familia es la que no me ha abandonado, mis hermanos y mi mamá es la que ha estado pendiente de mí, de mi hija y de bebé. Me han ayudado un poco económicamente para poder seguir viviendo”, explicó.

Debido a que tiene su visión muy reducida, Feve no puede trabajar. Si usted desea solidarizarse con la familia, lo puede hacer llamando directamente al 8950-0737.