Por Paulo Villalobos 25 de mayo de 2026, 15:36 PM

Un grupo de científicos de la Universidad de Costa Rica (UCR), la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA) y la Escuela de Medicina y Cirugía Veterinaria San Francisco de Asís identificó, por primera vez, la presencia del parásito Leishmania infantum en ocho perros en el territorio nacional, su transmisión local y la amenaza de que se generen contagios en seres humanos.

El inédito hallazgo lo dieron a conocer el Consejo Nacional de Rectores (Conare) y la UCR en comunicados separados.

Las notas de prensa apuntan que el nuevo conocimiento permitirá fortalecer diagnósticos más tempranos, robustecer las acciones de vigilancia y reforzar las estrategias de prevención, tanto para los animales como para las personas, quienes al infectarse pueden desarrollar una enfermedad que, sin la atención oportuna, puede provocar la muerte.

Investigación de parásito en perros

Vale indicar que el parásito puede transmitirse de animales a personas mediante el mosquito conocido como flebótomo o ariblanco —es decir, no directamente de un perro a un humano— y causar leishmaniasis visceral humana, que afecta al hígado, el bazo y la médula ósea.

En el caso de la leishmaniasis visceral canina, se tiene que esta puede enfermar al animal y provocarle una infección que, sin el diagnóstico y la atención necesarios, puede conllevar el fallecimiento del perro.

De acuerdo con el médico veterinario del Laboratorio de Parasitología de la Universidad Nacional, Víctor Montenegro, existen estimaciones de que cerca de 15 millones de canes están infectados con Leishmania infantum en el mundo. Sin embargo, se estima que solo 2,5 millones están enfermos.

"Por el momento, sabemos que la enfermedad se expande por el desplazamiento de perros infectados y, también, por cambios en condiciones favorables para el vector. Algo particular, es que hay perros infectados sin signos clínicos. Cerca del 60%, que podrían ser transmisores silenciosos. No obstante, son los perros enfermos (30%) los que generan una mayor fuente de parásitos", mencionó el también investigador.

Por su parte, la microbióloga de la Universidad de Costa Rica, Alicia Rojas, mencionó que, hasta ahora, la circulación del parásito en perros de Costa Rica era algo que se sospechaba, pero que carecía de evidencia científica sólida.

La científica, quien también participó de la investigación, destacó que la detección formal redefine el panorama de circulación de Leishmania infantum.

"Anteriormente, ya existían reportes aislados de Leishmania infantum en humanos, perros importados de otros países y fauna silvestre en Costa Rica, pero nunca se habían documentado casos autóctonos confirmados de leishmaniasis visceral canina en el país; es decir, casos que se originaron en Costa Rica y no son importados. Con el estudio comprobamos que hay casos circulando y que los perros pueden ser un reservorio del parásito. Eso sí, los perros no van a contagiar a las personas directamente con el parásito. Para esto se requiere del flebótomo que lo transmita de un hospedero a otro", puntualizó.

Rojas hizo un llamado a la calma y la responsabilidad con la tenencia de mascotas. En esa línea, señaló que el hecho de que se haya identificado el parásito no significa que exista una emergencia "fuera de control", o que los perros deban ser violentados o abandonados.

La microbióloga pidió evitar reacciones basadas en el miedo o desinformación y, ante cualquier duda, acudir al veterinario, pues existen tratamientos disponibles.

"Una de las mejores herramientas de prevención es no exponer al perro durante las horas de actividad del mosquito (tarde-noche), y utilizar productos con acción repelente como collares, pipetas, vacunas con antígeno recombinante y controles adecuados para el traslado de animales", mencionó Montenegro.

Los centros de educación superior trabajaron unidos con un colaborador del Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa), en conjunto con laboratorios y clínicas veterinarias privadas del país, además de otros centros científicos internacionales de Brasil y Alemania.

Toda la evidencia fue publicada en la revista científica Frontiers in Veterinary Science.

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