Oficial de Fuerza Pública se vistió de héroe y salvó la vida de niño de dos años
A sus 62 años, el oficial de la Fuerza Pública Gilberth Murillo Quesada asegura que siente “una emoción extraña, algo que nunca había sentido”.
A sus 62 años, el oficial de la Fuerza Pública Gilberth Murillo Quesada asegura que siente “una emoción extraña, algo que nunca había sentido”.
Su rápida reacción hizo que el pequeño José Miguel Vargas, de tan solo dos años y cuatro meses, sobreviviera tras sufrir repentinas convulsiones y desmayos.
Los hechos ocurrieron el pasado 8 de abril. María Alejandra, la madre del niño, notó las complicaciones de su pequeño, esperó en vano por una ambulancia, y cuando decidió salir en un vehículo particular se topó con demoras.
Las presas en Grecia le impedían llegar al hospital. “Ya estaba moradito, se me moría”, relató. Con José Miguel empeorando, el oficial Murillo apareció como “un ángel vestido de policía”.
Angustiada, la madre le pidió ayuda y este, sin dudarlo, tomó la motocicleta y ayudado con su sirena, gritos y ademanes fue abriendo espacio al vehículo en medio del atasco.
“Fue algo dramático (…) el policía iba adelante haciendo campo con una mano y la sirena de su motocicleta sin miedo a que lo golpearan o caerse. Para mí era un ángel”, relató María Alejandra.
Cuando lograron llegar al hospital su gratitud no era para menos. Los médicos le dijeron que haber llegado rápido “le salvó la vida a mi chiquito. Ese policía es un héroe sin capa”.
Hoy, quizás esa “emoción extraña” en el oficial tenga una explicación en el hecho de haber ayudado a salvar una vida muy especial.
Finalmente, como lo cree la madre de José Miguel, “los policías deben saber que no solo están para perseguir delincuentes, que también pueden servir y salvar vidas como él hizo”.
A menos de un año de jubilarse, Murillo afirma que solo “abrí campo y la llevé hasta el hospital. Después, cuando vi a ese niño ya mejorcito, el milagro de la vida en él, se me hizo un puño el corazón, algo me estrujó muy adentro y me dieron ganas de llorar de la emoción”.
María Alejandra afirma quedarse sin palabras para agradecer, el niño mira feliz al oficial Murillo, lo abraza, y este no puede evitar dejar salir algunas lágrimas.
La foto de los tres juntos es constancia indeleble de que tres vidas han cambiado.

