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El Centro Especializado de Atención de Pacientes COVID-19 (CEACO) es el centro médico que atiende a más pacientes infectados en Costa Rica.

Hasta este viernes, había 52 pacientes en CEACO y, según Román Macaya, presidente ejecutivo de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), la cifra podría aumentar rápidamente hasta llegar a saturar el centro.

¿Cómo se protege el personal médico al estar rodeado de infectados?, ¿cómo cambia la dinámica al haber más pacientes? 

El jefe del CEACO, el doctor Marco Vargas Salas, nos cuenta su experiencia al frente del centro más importante para la atención de pacientes COVID-19 en la región.

¿Con que objetivo nace el CEACO?

El CEACO nace a partir de una resolución de la CCSS que pretende ampliar la capacidad hospitalaria en vista de la llegada de la pandemia.

El 6 de marzo tuvimos el primer caso en Costa Rica y el 15 de marzo hay una acción de la Gerencia Médica: se envía a los pacientes que estaban en el CENARE a sus casas (59 personas) y los que no pueden irse a la casa se van a otras instalaciones de la red.

A partir de ahí, hay una reconversión física de sus instalaciones, antes era un hospital especializado en la atención de pacientes con enfermedades neurodegenerativas o por trauma, accidentes vasculares cerebrales, para convertirse en un hospital con capacidades de ventilación y respiratorias. Fueron 234 horas y 39 minutos de trabajo para tener el primer módulo de ocho camas para tratar pacientes en condiciones severas y moderadas.

Por otro lado, está la reconversión de logística y personal, porque trabajaban enfermeros especialistas en rehabilitación, mas no en cuidados intensivos. Entonces desde el día uno empezamos con un proceso de rehabilitación para las enfermeras de este centro y nos trajimos enfermeras de diferentes hospitales, especializadas en cuidado intensivos.

¿Cuáles pacientes clasifican para ser ingresados al CEACO?

Son aquellos pacientes que requieren de hospitalización por alguna razón, utilizamos parámetros fisiológicos para clasificarlos, aquellos que no puedan estar en su casa, en un albergue, ni hotel y que requieren alguna medida como quimioterapia, hasta aquellos pacientes que requieren un cuidado intensivo. Son los pacientes con patologías leves y moderadas. 

El CENARE es importante porque al captar a estos pacientes con patologías leves y moderadas y tratarlos, estamos tratando de hacer un esfuerzo para que no pasen a la siguiente etapa y no se llenen las camas de cuidados intensivos, estas camas son el oro de todos los sistemas de salud para esta enfermedad.

¿Cuál es el protocolo de seguridad que realiza el personal médico para atender a los pacientes?

Las personas que ingresan al área de hospitalización tienen que haber pasado por un curso de capacitación, nos cambiamos la ropa, hay lavado de manos, entre otros. Los funcionarios que trabajan en hospitalización no pueden portar accesorios ni teléfonos celulares, mujeres tiene que recogerse el cabello, caballeros no pueden tener barba, todos rasurados.

Cuando se ingresan los pacientes se usa un sistema llamado “doble checking”. La persona que se viste para ingresar a los cubículos de los enfermos tiene que ser supervisaba por un ente diferente que revisa todo el proceso, al igual cuando va a salir, porque es muy sensible contaminarse. Es un personal de enfermería que es escolta de los cubículos, hay personas solo para ese trabajo.

También está el equipo “Prime”, la primera intervención médica especializada, hacen todos los transportes que van a CEACO y Cuidados Intensivos. Ellos usan mascarilla "full face", kimonos, doble guantes, etc. porque traen a los pacientes más críticos del país.

¿Cómo ha cambiado la dinámica ahora que hay tantos pacientes?

Habíamos ensayado los escenarios, las gerencias y la Junta Directiva de la institución nos aprobó escenarios. Con base en el escenario de gravedad y de número de pacientes, se va incrementando el número de personas contratadas y se van abriendo áreas. Tenemos distintas zonas, unas para los más pacientes con más severidad y otras para pacientes con menos severidad. Tuvimos privados de libertad, estas personas requerían de una custodia judicial muy significativa, entonces tuvimos que hacer divisiones en el CEACO para estas personas.

¿Cuáles mecanismos de seguridad aplican para evitar contagios entre funcionarios?

Las personas cuando ingresan en la mañana se les toma la temperatura, se les hace una serie de preguntas, es obligatorio el uso de cubrebocas, distanciamiento y tenemos algo así como “policía epidemiológica”, donde hay personal que aparte de su responsabilidad tiene el trabajo de señalar aquellas cosas que no están bien hechas. Además, el gimnasio se convirtió en el comedor, para que la gente estuviera más separada y por horarios. Hemos maximizado las reuniones a carácter virtual y, recientemente, esto no es un secreto para nadie, funcionarios nuestros se contaminaron, se aplicaron todas las medidas necesarias para que nadie más se contaminara y se examinó al 99% del personal de CENARE.

¿Es esperable que pacientes con cuadros "intermedios", no tan críticos, mueran ahí?

Sí, es importante señalar que hay personas cuya enfermedad los va a llevar en forma indefectible a la muerte, sea por COVID-19 o por condiciones propias que presenta. Desafortunadamente, tendría que entrar en detalles de las dos muertes que tuvimos, pero no puedo ahondar en los diagnósticos de los pacientes, pero tenían condiciones preexistentes que las iban a llevar a un desenlace fatal.

¿Cómo fue el protocolo para estas personas que fallecieron en CEACO?

Hay dos formas. El CENARE, por su formación, no tiene morgue y al tener un bajo volumen de pacientes hay una cosa que es el uso racional de los fondos públicos, entonces se tenía la aprobación, pero no se ha dado la contratación de asistentes de patología. Hay un patólogo regente, entonces el “plan A”, cuando la ocupación fuese baja, o no hubiera pacientes que tuvieran condiciones que los llevaran a la muerte, inicialmente se iba a aplicar el procedimiento que se aplicó con estas señoras que es que a costo de la institución la persona fallecida es trasladada a la morgue del Hospital México, en donde se hace el proceso de identificación y de ahí lo pasan a la funeraria.

A partir de esta semana ya contratamos a técnicos de patología y disección que estarán disponibles las 24 horas y el proceso se hará a nivel interno.

¿Cómo se siente usted al estar rodeado de pacientes COVID-19?

Privilegiado, es un privilegio servirle al país desde esta trinchera, puede ser una situación de miedo y de incertidumbre, pero al final es un privilegio poder servir al país desde esta trinchera. Donde, por razones que consideraron personas de mayor jerarquía que la mía, se me asigna una misión que es la reconvención física, estructural e ideológica del centro más importante en la región. Tenemos más de 80 pacientes vistos y las personas que han fallecido no fallecen por estar en el CENARE, sino por condiciones crónicas o de edad. Pero ha permitido que un grupo de profesionales jóvenes le dé su mayor capacidad científica, sino que les permitió estudiar, en este centro hay sesiones clínicas como cualquier otro hospital, pero no tenemos otras distracciones en hospitales generales que hay 100 patologías. Aquí las personas desayunan, almuerzan, meriendan, sueñan y tienen pesadillas estudiando COVID-19, 24 horas al día. Si alguien está aquí y no estudia COVID-19, está en el lugar equivocado. Estamos para servirle a la población en una enfermedad específica.

¿Se ha sentido agotado a nivel psicológico por la pandemia?

No, todavía no. Bueno, como persona tengo varias rutas de salida, una de ellas, es que yo soy maratonista. Trabajamos jornadas de 20-22 horas, las primeras semanas fueron continuas de cuatro personas, dos de ellas emergenciólogos, el doctor Max Morales y el doctor Jean Carlo Sanabria, el doctor Camilo Sing, quien es un líder nato, y yo, nos llaman el C4 porque somos como un explosivo. Nos tocó ser los coordinadores del área de reconvención. 

No me he sentido cansado, esas primeras horas fueron bastante matadillas y me sacaron de mi entrenamiento físico. Dejé de entrenar y eso cansó mi cerebro. Y la segunda, es que yo toco saxofón, y por mucho tiempo no pude tomar saxofón. Mi profesor me ayudó y hemos retomado de forma virtual y me puso retos violentos para retomar y el tiempo de familia que es muy importante

¿Teme el contagiar a sus familiares?

No, viera que no, mi papá es un anciano de 84 años, cabeza dura como la mayoría de la gente que no entiende que esta enfermedad te da solo una oportunidad para morirte. Pero, aparte de eso hay protocolos en mi casa: la ropa no pasa del garaje, eso significa tener un paño para no hacer una entrada triunfal, lavado de manos y de cara, no saludar a nadie hasta no estar bañado, ante el mínimo síntoma tomarse la muestra, con este brote a mí me tocó decirles que todos nos vamos a revisar. Parte de los retos que les traje es que yo les voy a pedir nada que yo no esté en capacidad de hacer yo mismo.