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Las fronteras porosas a lo largo y ancho de Centroamérica, así como los problemas sociales de pobreza y desempleo impulsa que muchos migrantes continúen buscando en otros países un futuro más seguro para sus familias sin importar la emergencia mundial que se vive por el Covid-19.

“El nuevo coronavirus profundizará las condiciones de pobreza y violencia de los centroamericanos, por lo que las migraciones no se detendrán a pesar de los cierres de los puestos fronterizos oficiales”, dijo Guillermo Acuña, especialista en migraciones del Instituto de Estudios Sociales en Población de la Universidad Nacional (Idespo-UNA).

Costa Rica mantiene activo el flujo de migrantes extraregionales los cuales se están recibiendo desde Panamá como parte de las acciones de los gobiernos para un tránsito controlado.

El pasado 24 de marzo la Dirección de Migración y Extranjería afirmó que el decreto para el cierre de fronteras permite el tránsito por razones humanitarias.

Decenas de migrantes oriundos de África y Haití llegan hasta la frontera de Paso Canoas, en la zona sur, para intentar cruzar el país y seguir su camino por Centroamérica hasta llegar a su destino final en Estados Unidos.

Esta semana la Defensoría de los Habitantes emitió una alerta a las autoridades nacionales en aras que se contemple todas las medidas sanitarias que permitan garantizar el estado de salud de estas personas a raíz de la emergencia que se vive con el Covid-19

Se calcula que, anualmente, un total de 400.000 personas intentan cruzar la frontera de los Estados Unidos en busca de un futuro económico y social más seguro. La mayor parte son personas centroamericanas de países del llamado triángulo norte (El Salvador, Guatemala y Honduras).

Al menos 497 personas perdieron la vida en la frontera entre México y Estados Unidos durante el 2019, según el Proyecto de Migrantes Desaparecidos de la Organización Internacional sobre las Migraciones (OIM).