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Una investigación realizada por la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y la Universidad Nacional (UNA) mostró que 1.300.000 personas presenta una afectación crítica de su salud mental debido a la pandemia de COVID-19.

El estudio reveló que la vulnerabilidad socioeconómica que enfrentan diferentes poblaciones en Costa Rica, como consecuencia de la crisis sanitaria, ejerce una notable incidencia en la salud mental.

El impacto más serio lo está viviendo el 30.6% de la población que recibe, en promedio, menos de 450 mil colones como ingreso bruto familiar; el 40.3% de quienes perciben entre 450 mil a 550 mil colones y el 45.2% con ingresos de entre 550 mil y 650 mil colones.

El grado de afectación disminuye en grupos con ingresos superiores.

La investigación “Salud mental y relaciones con el entorno en tiempos de COVID-19” señaló que, durante la pandemia, las principales preocupaciones que afectan la salud mental de las personas están relacionadas con los efectos del coronavirus en su estabilidad familiar, social y económica.

Al consultar a las personas sobre la forma en la que consideran que la pandemia ha afectado a los otros, destacan respuestas como pérdida de empleo (57.8%), sobrecarga de trabajo doméstico y tareas de cuido en el hogar, especialmente en el caso de las mujeres (47.1%); reducción de jornada laboral (44.9%), no poder pagar la casa (36.1%) y no contar con alimentación diaria (32.0%).

El 61.0% de la población costarricense presentó en octubre pasado alguna sintomatología depresiva, un aumento del 50% en términos absolutos, al compararse con los resultados obtenidos en marzo de 2020.

Un 43.7% de la población consultada presentó alguna sintomatología asociada con ansiedad generalizada severa, lo que contrasta con los resultados de marzo pasado, cuando únicamente un 13.8% de las personas participantes manifestaron síntomas de ansiedad. El 32.1% de la población presentó una afectación crítica en su salud mental en octubre de 2020.

Impactos del COVID-19 en cifras

En el impacto corporal y en el segmento más crítico, el 74.6% de las personas expresaron sentirse más cansados de lo habitual desde que inició la pandemia, un 67.8% afirma que tiene dolor de espalda y cuello u otros dolores musculares, mientras que un 49.4% dolor de cabeza, a un 45% se le acelera el corazón y la respiración, y una tercera parte (34.2%) tiene molestias estomacales.

En el impacto cognitivo, las manifestaciones más fuertes que se están presentando son la dificultad para dormir (91,3%), a esta población le es difícil relajarse o desconectar (90,7%), están pensando en los problemas propios y los de otras personas repetidamente durante el día (89,5%), al 77.0% de esta población le cuesta pensar con claridad y concentrarse, olvidan pequeñas cosas (71.4%), les cuesta tomar decisiones (67,5%) y le sobresaltan sonidos inesperados (64,5%).

Al analizar el impacto conductual, un 79.6% de la población que presenta mayor afectación en su salud mental, tiene desajustes en la alimentación, ya que tienden a comer mucho o muy poco; el 42,0% ha aumentado el consumo de cafeína o nicotina, el 27.7% utiliza alcohol y otras sustancias para sobrellevar el presente y uno de cada cuatro personas expresa haber puesto en peligro su salud o seguridad con alguna acción, como por ejemplo manejar un vehículo más rápido de lo recomendado.

En el impacto emocional, el 85.3% de la población que ha sido afectada severamente presenta cambios de humor y se siente hipersensible emocionalmente, un 70.4% señala que le sobrepasan la cantidad y el tipo de situaciones que debe afrontar, con un porcentaje similar de 69.6% que expresa estar irritable y se enfada con facilidad. El 41.0% siente que enfrenta los mismos problemas que la gente que les rodea.

La estabilidad laboral es una de las características diferenciadoras y factores protectores más sobresalientes en el estado de las personas. 

Quienes “cuentan con un trabajo cuya continuidad no corre peligro, que les permite suplir las necesidades básicas y les otorga ciertos beneficios que derivan en una calidad de vida adecuada, se encuentran en una mejor situación de salud mental”, detalla el estudio, apoyado por el Ministerio de Salud, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y personas expertas de España.

La investigación fue avalada por el Consejo Nacional de Investigación en Salud (CONIS)

Miedo al COVID-19

El estudio también midió el miedo que sienten las personas en relación con las condiciones de los otros. Un 88.3% de población costarricense de 15 a 80 años manifestó temor al COVID-19. Este temor se manifestó principalmente cuando piensan en la idea de perder la vida por la enfermedad (39.1%), cuando piensan en la pandemia (37.2%) y cuando ven noticias o escuchan historias sobre el COVID-19 en redes sociales (36.4%). Las reacciones físicas más significativas que se presentan en la población en general son palpitaciones en el pecho (26.4%), dificultades para dormir (18.8%) y sudoración de manos (18.8%).

En relación con la condición de lidiar con el malestar psicológico derivado de la pandemia, el equipo investigador apunta que es importante recordar que este temor actual es potenciado y, al mismo tiempo, se ve intensificado ante otros impactos físicos y emocionales, por lo que resulta necesario atender la situación de manera integral, cuidarse física, social, laboral y económicamente.

Entre quienes están en el estado más crítico de salud mental, el miedo al COVID-19 se manifiesta con nerviosismo y ansiedad cuando ve noticias o escucha historias en redes sociales (64.7%), con incomodidad (64.7%) y temores de perder la vida (59.4%).

De la población de personas con mayor afectación, el 40% proviene de hogares con cinco o más personas, mientras que en los otros segmentos está entre el 22 y 25%. Es decir, la población que tiene menos afectación de salud mental está conformada por familias que tienden a ser más pequeñas.

Este estudio fue realizado con una muestra de 6.786 personas, quienes completaron un cuestionario en línea, durante el periodo comprendido entre el 9 al 29 de octubre de 2020. Estas conclusiones suceden a la primera investigación realizada del 30 de marzo al 31 de marzo de 2020.