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Es una mujer pequeña, no supera el 1,60 metros de altura. Su tez morena luce un tanto rojiza por las horas que trabaja bajo el sol que calienta la Zona Norte del país. Dibuja una sonrisa cuando habla casi de todos los temas, menos de uno.

Brenda Martínez no ha tenido una vida sencilla. Como muchos migrantes, tuvo  que venir a Costa Rica para pulsearla. Ahora con su esposo tienen tres hijos y a está a punto de disfrutar de su primer nieto. En  otras palabras, como la mayoría de nosotros camina entre alegrías, tristezas, congojas y esfuerzos, pero su historia es algo particular: Ella puede presumir de haber sobrevivido a dos furiosos huracanes y vivir para contarlo.

El último de ellos fue Otto, que estuvo a punto de devorarse a esta pequeña mujer y a su familia el 24 de noviembre del 2016, cuando los sorprendió con la complicidad de la noche en su propia casa, en La Fortuna de Bagaces.

Noche infernal

Allí siempre ha llovido pero, según sus propias palabra, "ese día pasaba de lo normal".

Mientras estaba en su casa junto a su esposo y dos de sus tres hijos, escucharon un estruendo que les erizó la piel.

"Cuando abrimos la puerta ya todo aquello venía para abajo.. lodo, árboles, agua y piedras" recordó entre lágrimas, dejando atrás la alegría con las que nos recibió al inicio.

De inmediato salieron corriendo pero la avalancha los alcanzó y separó. A su esposo Wilbert lo mandó por un lado y a Brenda y sus hijos por el otro. Ella supuso que era el final de todos.

"Yo lo último que escuché de él fue cuando me gritó que donde estaba la chiquita. Después no supe nada más" revivió la mujer.

Ella y sus hijos lograron aferrarse a un árbol de limoncillo, el cual fue su refugio por más de cuatro horas, hasta que la mayoría del material bajó de las faldas del Miravalles, el cual había sido azotado durante horas por Otto.

"Agárrense como puedan" imploró a sus hijos, al mismo tiempo que tenía la total certeza que su esposo había muerto.

Cuando a eso de las 11 pm llegaron a ayudarles, los llevaron a un albergue, donde no quiso llorar delante de sus hijos por la supuesta pérdida de su marido.

"Tenía que mostrarme fuerte ante ellos, aunque por dentro estuviera destrozada"

Horas después, ocurrió lo inesperado. Le comunicaron que su compañero de vida estaba con vida en otro albergue. Él también los había dado por muertos a ellos.

"Solo hay una explicación para esto, y esa explicación es Dios" dijo Brenda, ahora acompañada de su familia en una nueva casa en Guayabo de Bagaces, donde la encontramos para esta entrevista.


Frente a frente con Joan

28 años antes de conocer la furia de Otto, Brenda vivió el embate de Joan. Era el año 1988 y vivía en Bluefields, Nicaragua, una localidad bañada por las aguas del mar Caribe.

"Nuestras casas eran de madera y esa vez nos fuimos a la única casa de cemento que había, la de una vecina. Pensábamos que era mejor estar allí"

Durante toda la noche y madrugada escuchó el rugir de Joan y como este monstruo arrancó árboles, techos y todo lo que encontraba.

"Todavía en la mañana veíamos como unos palos de pipa de esos altos los subía y los bajaba. El agua del mar también se metió".

Hoy, reconoce que aquellas experiencias le traen pesadillas, pero dice estar agradecida con Dios por el seguir vivir y tener la oportunidad ahora de experimentar lo que implica ser abuela. Lo dice mientras acaricia el vientre de su hija mayor, donde está el nieto de la mujer que sobrevivió dos huracanes.