Última Hora

En el cantón de Sarapiquí inició un plan piloto para sembrar 500 hectáreas de melina por año, mediante un novedoso mecanismo de financiamiento.

La iniciativa es desarrollada entre el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo) del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE), la Fundación para el Desarrollo de la Cordillera Volcánica Central (Fundecor) y el Tecnológico de Costa Rica (TEC).

La semana anterior se llevó a cabo la firma del primer contrato, que estuvo a cargo de Mario Piedra, director de Fundecor, y de María Virginia Araya, propietaria de una finca con amplia experiencia en proyectos de reforestación. Esta práctica le ha permitido conservar la cobertura forestal y obtener ganancias con la colocación de madera cultivada en el mercado nacional.

“En tiempos desafiantes para el país y el mundo, desde Sarapiquí se marca la diferencia con propuestas innovadoras. Este proyecto posibilita que los productores forestales —principalmente los pequeños y medianos— tengan el financiamiento y la asistencia técnica para el manejo silvicultural y mercadeo en el tiempo oportuno, lo que hará la actividad de reforestación lo suficientemente atractiva y rentable en el futuro. La descarbonización y el desarrollo de la economía — particularmente la rural— necesita actividades como estas, en donde cerca del 80% de la inversión regresa en salarios a las comunidades de la zona", comentó Andrea Meza, ministra de Ambiente y Energía.

Con este programa, los productores podrán acceder a financiamiento para conservar sus terrenos, cubriendo los costos asociados por la actividad de reforestación y generando una rentabilidad desde el proceso productivo hasta la cosecha final, fomentando modelos que les permitan continuar protegiendo sus terrenos con actividades rentables y sostenibles.

Jorge Mario Rodríguez, director del Fondo Nacional de Financiamiento Forestal, explicó que las familias productoras utilizarán esta especie maderable y con ello podrán acceder a financiamiento con la puesta en marcha del proyecto, cubriendo los costos asociados por la reforestación y generando un encadenamiento de valor.

Destacó que la madera que cosechen ya tiene un mercado que demanda la producción de tarimas para la industria de embalaje de cultivos agrícolas para la exportación, lo que permite que la reforestación productiva genere rentabilidad, empleos y la reactivación económica.