Vino de paseo desde México y terminó construyendo un restaurante familiar en Costa Rica
Angélica llegó desde Toluca como turista. Hoy dirige La Fonda Mexicana junto a su familia y convirtió una visita temporal en una historia de migración, trabajo y sabores que cruzaron fronteras.
Hace 27 años, Angélica llegó a Costa Rica con la intención de conocer el país y regresar a su natal Toluca, en México. Viajaba ligera de equipaje y sin planes definitivos. Lo que no imaginaba era que ese viaje de paseo terminaría marcando el inicio de una nueva vida, construida con paciencia, trabajo y el sabor de sus raíces.
El amor cambió su rumbo. En Costa Rica encontró pareja, formó una familia y decidió quedarse. Con el paso del tiempo, las tradiciones mexicanas comenzaron a mezclarse con la cultura tica, creando un puente de acentos, costumbres y sabores que hoy definen su historia.
Junto a su esposo apostó por emprender en aquello que mejor conocía: la cocina. La comida mexicana, heredada de generaciones y cargada de memoria, se convirtió en el punto de partida. El primer restaurante nació de forma humilde dentro de su propia casa. Sin rótulos llamativos ni campañas publicitarias, el proyecto creció gracias al boca a boca, al sazón auténtico y a la constancia de una familia que decidió trabajar unida. Así nació La Fonda Mexicana.
El esfuerzo sostenido dio resultados. Con los años llegó la apertura de un segundo local, más amplio y consolidado, reflejo de una trayectoria marcada por la perseverancia. Cada platillo servido representa no solo una receta tradicional, sino también la historia de una mujer migrante que encontró en la cocina una forma de pertenecer y construir futuro.
Hoy el emprendimiento es, además, un proyecto familiar. Angélica es madre de cuatro hijos. Uno permanece en México y los otros tres trabajan a su lado en el restaurante, convirtiendo el negocio en un espacio de encuentro cotidiano y aprendizaje. A este sueño también se sumaron su padre y su hermana, quienes viajaron desde Toluca para acompañarla en la tarea de compartir la auténtica comida mexicana en Costa Rica.
Entre tortillas, recetas heredadas y mesas compartidas, el restaurante se transformó en algo más que un negocio. Es un lugar donde conviven la memoria, el trabajo y la identidad.
Repase esta historia completa en el video que aparece en la portada de este artículo y conozca cómo un viaje de paseo se transformó en una vida construida entre sabores, familia y perseverancia.

