Por Diana Vásquez 22 de enero de 2026, 17:55 PM

En las alturas de la Zona Norte de Costa Rica, donde la neblina se posa sobre el bosque nuboso y la vida avanza al ritmo paciente de la montaña, existe un lugar que no nació del azar. La Reserva Natural Montaña Sagrada es el resultado de una decisión colectiva, de una suma de voluntades que entendieron, a tiempo, que el agua también necesita ser defendida.

Ubicada dentro del Parque Nacional del Agua Juan Castro Blanco, esta reserva se ha consolidado como un modelo internacional de conservación gracias al compromiso de más de 126.500 asociados de Coopelesca. Desde 2010, cada aporte económico destinado a la compra de tierras estratégicas ha tenido un objetivo claro: proteger las nacientes que hoy abastecen a más de 200 acueductos rurales de la Región Norte.

Ese esfuerzo sostenido permitió la creación de un fideicomiso que, hasta la fecha, ha logrado adquirir 1.140 hectáreas distribuidas en nueve fincas. La más extensa es la Reserva Natural Montaña Sagrada, con 700 hectáreas ubicadas a nueve kilómetros al este de Sucre. Las restantes se extienden por comunidades como San Vicente de Ciudad Quesada, Los Negritos de Venecia y otras localidades donde la montaña todavía dicta las reglas.

La importancia del proyecto va más allá del agua. En estas tierras se resguarda una biodiversidad propia del bosque nuboso de San Carlos, un ecosistema donde conviven especies emblemáticas y frágiles. La rana vibicaria, conocida como la “rana de ojos verdes”, el manigordo, el tolomuco y el tigrillo han encontrado aquí un refugio que no existía antes.

Los procesos de conservación y monitoreo han permitido recuperar más de 200 hectáreas mediante regeneración natural. Además, se ha documentado la presencia de especies sin registros previos dentro del parque nacional. Hoy se contabilizan 212 especies de aves, entre ellas quetzales y jilgueros, confirmando el valor ecológico de una zona que decidió protegerse antes de desaparecer.

Desde 2020, Montaña Sagrada abrió sus puertas al turismo nacional e internacional como parte de una estrategia de sostenibilidad económica. Senderos entre árboles centenarios, puentes colgantes, miradores naturales, áreas de descanso y espacios accesibles para toda la familia forman parte de una experiencia pensada para convivir con la naturaleza, no para dominarla. A ello se suman actividades de aventura como el Tarzán Swing, conocido como “El vuelo del dragón”, que complementan la visita sin alterar el equilibrio del entorno.

En un mundo donde el contacto con la naturaleza se vuelve cada vez más escaso, Montaña Sagrada se presenta como un recordatorio: la protección del agua y la biodiversidad no siempre nace de grandes discursos, sino de decisiones pequeñas, repetidas y compartidas. Un proyecto que demuestra que la organización comunitaria puede convertirse en un referente de conservación para Costa Rica y para el mundo.

Le invitamos a repasar esta historia en el reportaje en video que está en la portada de este artículo.

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