Por Johnny López 27 de marzo de 2026, 17:55 PM

Hay historias que no avanzan en línea recta, sino que se mueven, cambian de ritmo y encuentran nuevas formas de continuar. La de Gladys McQuiddy y Víctor Vargas es una de esas. Comenzó una tarde cualquiera, en una mesa de bingo, sin mayores pretensiones, pero con el tiempo se transformó en una relación que hoy suma más de cuatro décadas.

Han pasado 43 años desde ese primer encuentro, y 12 desde que formalizaron su matrimonio. Hoy ambos están jubilados, en una etapa donde muchos optan por bajar el ritmo. Ellos, en cambio, decidieron encontrar uno nuevo.

El baile apareció como una posibilidad que, poco a poco, se convirtió en parte de su vida cotidiana. No siempre fue así. Víctor recuerda que, al inicio, no tenía afinidad con la música ni con la pista. “Cuando yo la conocí, yo no bailaba. Ella salía con amigas, pero un día me motivé a acompañarla… y ya después nos metimos a grupos y clases juntos”, cuenta.

Ese primer paso, casi casual, terminó abriendo una rutina que hoy los acompaña. Lo que comenzó como una actividad social se transformó en un espacio de conexión, donde comparten tiempo, movimiento y una forma distinta de cuidar su salud.

El baile, en su caso, no es solo ejercicio. Es una forma de mantenerse activos, de sostener la relación desde otro lugar y de darle sentido a una etapa que muchas veces se asocia con la pausa. En cada canción hay memoria, compañía y una manera de seguir construyendo juntos.

Gladys y Víctor demuestran que las historias no se detienen con los años, sino que pueden encontrar nuevas maneras de continuar. Que siempre hay algo por empezar, incluso cuando el camino ya ha sido largo.

Y que, a veces, la vida se entiende mejor cuando se baila.

Si desea conocer más sobre su historia y ver cómo el baile forma parte de su día a día, puede repasar el reportaje completo en el video que aparece en la portada de este artículo.

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