Missy, la gata que encontró hogar en el Santuario de Alajuelita y conquistó corazones
Según cuenta doña Vilma Chavarría, vecina y colaboradora cercana de la parroquia, la gata llegó en una caja, abandonada y en muy mal estado.
En Alajuelita, hay una presencia que se mueve con total naturalidad entre bancas, pasillos y rincones del templo. No usa sotana ni hábito, pero todos la conocen. Se llama Missy, y con el paso del tiempo se ha convertido en uno de los personajes más queridos del Santuario Nacional Santo Cristo de Esquipulas (ver video adjunto).
Missy camina por el templo como si fuera suyo. A ratos se le ve recorriendo la nave central, luego aparece en la sacristía, hace una pausa para tomar agua, comer algo o recibir caricias de quienes ya saben que ella siempre está ahí. Otras veces, simplemente se esconde de la cámara, fiel a su carácter independiente. Aquí todos la reconocen… y ella parece reconocerlos a todos.
Pero la historia de Missy no comenzó entre vitrales y oraciones. Según cuenta doña Vilma Chavarría, vecina y colaboradora cercana de la parroquia, la gata llegó en una caja, abandonada y en muy mal estado. Fue entonces cuando encontró no solo ayuda, sino un hogar inesperado. Desde ese día, Missy no volvió a estar sola.
Con el paso del tiempo, la gata empezó a acercarse a la gente de forma especial. Muchos aseguran que Missy tiene una sensibilidad particular: se arrima a quienes están tristes, se queda cerca cuando alguien parece necesitar compañía. Sin palabras, pero con presencia, se ha convertido en una forma silenciosa de consuelo para quienes visitan el santuario.
Como toda gata con personalidad, también tiene sus favoritos. Uno de ellos es Andrey Ramírez, pintor que desde hace tres años realiza distintos trabajos en el templo. Entre brochas, escaleras y largas jornadas de restauración, nació una amistad especial. Donde está Andrey, casi siempre aparece Missy, acompañándolo con la calma de quien ya se siente parte del lugar.
Missy no entiende de horarios ni de ceremonias, pero su historia recuerda algo sencillo y profundo: que el hogar también se construye con cariño, cuidado y compañía. En Alajuelita, una gata encontró refugio… y terminó regalando afecto a toda una comunidad.

